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martes, 6 de octubre de 2009

Granada como nueva ciudad metropolitana




Artículo publicado en IDEAL el 22/09/2009

Hace unos años, David Lyon publicó su libro Postmodernity (Alianza. Madríd, 1996). Distingue –sin ser un análisis filosófico, sino sobretodo sociológico- entre el postmodernismo, que acentúa el aspecto cultural, y la postmodernidad, que pone el énfasis en lo social.
Según Lyon, frente a la modernidad, que buscaba la diferenciación, la racionalización, el urbanismo, la disciplina, la secularización; la postmodernidad se caracteriza por la disgregación, la descentralización, la superficialidad, el consumismo y la indiferencia.
No creo que resulte pretencioso reconocer en este modelo postmoderno, el alambicado discurso político sobre el crecimiento y desarrollo de la ciudad de Granada. Se advierte con facilidad que el nuevo tipo de sociedad en la que nos desenvolvemos está más centrada en los consumidores que en los trabajadores. La arquitectura que esta situación genera, encuentra en el humus nutricio de la política-ficción, un entorno tremendamente favorable para desarrollar un modelo arquitectónico torpemente proyectado, que cicatrizan en el sky-line de la ciudad como vestigio de una enfermedad mal curada.
Son fácilmente distinguibles desde la autovía, esas modernas repisas habitacionales de fin de semana, en las que el único merito arquitectónico se le presenta por haber sido capaz de acumular tanta edificabilidad; esos nuevos espacios de ocio que rigidizan un trozo de ciudad por no encontrar una adecuada infraestructura que las alimente; o, esos contenedores –de metros cuadrados- que albergará, en el mejor de los casos, una gran cantidad de publicidad institucional dejando poco hueco a otro tipo de representaciones culturales.
Y es que, toda esta arquitectura, alentada con el empuje electoral, tiene siempre una marcada dirección de espectacularidad, aderezada con la engañosa cosmética de la representación informática que ayuda a confundir el lugar con un suculento solar, y, que promete una calidad de vida que tan sólo se podría conseguir si pudiéramos reinventar los siete últimos siglos de la ciudad de Granada.
Esta nueva cultura del consumo es netamente metropolitana. Así lo entendía Lyon, y así nos lo demuestra los retazos mas conocidos del PGOU.
Hasta ahora en cualquier modelo de crecimiento estaba siempre presente, la urbe de Los Angeles como paradigma de la ciudad nueva. Hoy día se ha convertido sin duda, en la ciudad tipo de la postmodernidad: su falta de centro urbano es toda una metáfora de la nueva cultura que pone el énfasis en la elección individual y en las preferencias de los consumidores. No, este no debe ser nuestro camino. No debe ser, al menos que se decida trabajar desde un urbanismo ajeno a los cuadrienios electorales y con el deseo sincero de facilitar el crecimiento, también económico, de los distintos pueblos de la provincia.
Una vez establecida la estrategia de aproximación, hay que esbozar algún tipo de respuesta a ese elemento tan marcado en Granada como es la Vega. Se devalúa cualquier intervención política sobre “el cierre del anillo de la autovía”, “la conexión del area metropolitana con el tren de cercanías”, o “las áreas de crecimiento de la ciudad”, sino se engarza de manera indivisa con una reflexión sobre el futuro de la Vega.
En este sentido, cuando vemos las precipitadas y continuas propuestas municipales que se lanzan sin un estudio serio que las acompañen, es y perdonen el ejemplo: como pensar que la mejor razón para aprender a tocar el piano es que así se hace uno más diestro para cortar verduras.
No faltaría sentido para pensar que el primer escollo en el diseño de la ciudad de Granada, es la Vega…, y es que son abundantes los malentendidos entre los científicos y los políticos, a la hora de afrontar los problemas de medio ambiente. Esto no es nuevo, y habitualmente convivimos sin mas sorpresas, pero con este problema de comunicación entre los expertos medio-ambientales y los planificadores.
Los políticos reclaman recetas y, los científicos responden proporcionando conocimientos pocas veces compatibles con el urbanismo. Casi por definición, los problemas de medio ambiente entran siempre en el campo de la conjetura, y el urbanismo es una realidad difícil de delimitar cuya complejidad aumenta con cada nuevo giro en los moldes sociales o también con la decisión de las urnas.
Por otra parte, y ya para finalizar, no está mal recordar que toda acción tiene forzosamente efectos positivos y negativos. Y aquí interviene el papel fundamental de la política, que debe arbitrar sin olvidar que la noción de preservación que a menudo se pone en primer plano es engañosa: los ecosistemas están en constante evolución. Como la propia ciudad. Y por eso no se trata de preservar, sino de gestionar lo mejor posible el porvenir de una ciudad de lo que no pocos estamos enamorados.

Jaime Vergara Muñoz

domingo, 13 de abril de 2008

Alejandro Muñoz Miranda

Revista VOLUMENES nº 36 marzo- abril 08

En una carta de Felipe II a su arquitecto Juan de Herrera le decía: “Sobre todo no olvides lo que te he dicho: simplicidad de formas, severidad en el conjunto, nobleza sin arrogancia, majestad sin ostentación”. Un texto conciso pero cargado de sentido práctico que da luces y traza unas líneas de avance perfectamente claras para cualquier proyecto de arquitectura y que describe lo que podría ser todo el trabajo de este joven arquitecto granadino.

Alejandro Muñoz Miranda nació en Granada en 1974. De trato sencillo. Alegre. Apasionado por la arquitectura desde muy joven. Trabajador incansable. Exigente con su trabajo que desciende hasta la escala más pequeña para dar sentido a toda su obra. Reflexivo. No copia, interpreta y elabora un estilo propio que parece haber existido siempre. Su obra -citando a Henry Matisse- aparece fecunda y dotada de vibración interior, de esa misma belleza estremecida que poseen las obras de la naturaleza. Elabora una arquitectura construida sobre principios generales que duran siempre. No depende para la existencia de sus proyectos, de las costumbres, los hábitos particulares o las fluctuaciones de la moda. Tiene ideas propias.

Forma parte de la primera promoción de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada, obtuvo el mejor expediente académico de su promoción. En esa misma promoción de jóvenes arquitectos coincidieron Juan Manuel Nicás, Ana Almagro, Antonio Redondo, Loreto Spa, Federico Justicia, Juan Luis Rivas, Juan Manuel Rodríguez, Antonio Trujillo, Alfredo Garrido, Antonio Martínez y otros muchos de los que bien me gustaría escribir otro día.

Teníamos en común el gusto por el trabajo bien hecho, la pasión por la reflexión y el pensamiento, la atracción por las humanidades. Sin miedo al esfuerzo fueron años intensos. De mucho trabajo por tratarse de una escuela nueva, dirigida por Javier Gallego y con un profesorado muy exigente preocupado hasta el más pequeño detalle de la formación de esa primera hornada de jóvenes arquitectos. Continúa...



En 1999 recibió el Primer Premio Nacional de Fin de Carrera de Educación Universitaria en los estudios de Arquitectura otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Realizó un magnifico y audaz proyecto desarrollando un Centro Cívico Administrativo e Intercambiador de Transportes del Area Metropolitana de Granada con el que además obtuvo la calificación de Matricula de Honor.

Desde junio de 2002 hasta enero de 2004 se trasladó a Nueva York para desarrollar su tesis doctoral bajo la tutela del profesor Kenneth Frampton en Columbia University, con el apoyo de una Beca de Investigación y Formación de Profesorado Universitario del Ministerio de Educación. Desde allí sigue muy en contacto con su compañeros de escuela con los que mantiene correspondencia colaborando en discusiones arquitectónicas sobre temas urbanísticos, de ordenamiento general del territorio y desarrollo de nuevos métodos constructivos. Son especialmente interesantes las reflexiones sobre los distintos modos arquitectónicos que se desarrollan en España en todos estos años del “boom” inmobiliario. Es consciente que la razón en soledad no puede dar soluciones eficaces, descomprometidas de las necesidades del hombre y se implica con sus compañeros de promoción en este trabajo de reflexión consciente de la necesidad de trabajar juntos para sumar eficacias y capacidades.

Durante este periodo de formación en el extranjero se sumerge en el estudio de las formas y los materiales. Proyecta elementos urbanos, mobiliario, le encargan escenografía para teatros, diseña publicaciones y proyecta distintos stands para ferias y eventos de todo tipo. En este primer periodo de investigación dedicó buena parte de su tiempo al metal y la geometría. Este trabajo da origen a distintas esculturas en acero que, junto con Jose Manuel Darro, exhibirá en exposiciones como la titulada “Esculturas 8.8” en el círculo de Bellas Artes en marzo de 2004. También realiza esculturas urbanas como el “Granado Fractal” en acero corten que está situado en la rotonda Fernando de los Rios de Granada.

Ha participado en numerosos concursos y a cada uno de sus proyectos consigue dotarlos de elementos propios y singulares con los que consigue particularizar cada trabajo. Evita la frivolidad a la que estamos acostumbrados en los concursos, la obstinación del capricho, la presunción y la falta de mesura. Se centra en la elegancia que satisface la necesidad y asegura la comodidad del proyecto. Piensa en las personas y se anticipa a sus necesidades. Su creación arquitectónica se caracteriza por la atención a lo que la gente necesita; lo que realmente se desea. Desde esta base se esfuerza en la solución más bella y eficaz que pueda darle. Destacan entro otros los trabajos que realiza para concursos como el Museo New Tohimiro de Japón; una vivienda unifamiliar aislada en Vista Alegre; dos viviendas unifamiliares aisladas en el Toyo de Almería; varios trabajos de vivienda de VPO o la participación en el concurso del Campus de la Justicia de Madrid con el edificio de lo Contencioso Administrativo.

Entre los últimos trabajos construidos se pueden destacar la Sede de la Confederación Granadina de Empresarios, la Nueva Sede de las Centrales Sindicales de U.G.T y CC.OO. en Granada, la Rehabilitación de la Gran Vía de Colón, el Centro Municipal Infantil en el Chaparral, un edificio de viviendas junto a la estacion de Renfe de Granada y una vivienda en el Barranco del Abogado, también en Granada. Todos estos inmuebles son, sin duda, un perfecto ejemplo de su preocupación por la arquitectura como arte, pero arte con razón de necesidad en el que da al hombre los espacios que necesita para vivir feliz sin negar la belleza que aun sin saberlo necesita.

Recientemente ha sido seleccionado para la exposición de Jóvenes Arquitectos de España, organizada por el Ministerio de Vivienda y actualmente imparte clases de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada.

Muñoz Miranda vive en Granada, está casado y tiene dos hijos. Hace compatible familia y profesión y está comprometido muy decididamente con esta ciudad que le exige la difícil tarea de dar respuestas eficaces a problemas nuevos desde la belleza de su creación arquitectónica.

Jaime Vergara Muñoz


martes, 1 de abril de 2008

ARQUITECTURA DE OPINION


Publicado en la Revista VOLUMENES nº 29 [noviembre-diciembre 06]

Es frecuente que la arquitectura se convierta en motivo de discusión cuando el arquitecto no consigue que su obra pase inadvertida. La polémica está servida si entre los ingredientes arrojadizos están los intereses políticos o urbanísticos.

Granada sin ser ciudad de grandes estridencias, se ha convertido de un tiempo a esta parte, en un motor de aceleración de lo que llamaremos “arquitecturas de opinión”. Esto es, obra construida capaz de generar opiniones contrarias y suficientemente distorsionadoras como para justificar una demolición.

Sin esforzar demasiado la memoria, recordamos la intervención en las Torres de Neptuno, la muralla de San Miguel o la remodelación de la Gran Vía y la Constitución. Antes asistimos a la polémica edificación del rey Chico donde decenas de colectivos sociales de nuestra ciudad expresaron su opinión sobre un edificio que alberga ahora el centro de exposiciones para jóvenes. El edificio de la Chumbera y el edificio Zaida han sido también objeto de debate y polémica en Granada.

En todas estas intervenciones se manifiesta -unas veces con más fortuna que otras- el trabajo de unos profesionales que emplean la arquitectura como un lenguaje en el que las formas expresan ideas que mejoran la ciudad. Estas ideas pueden ser propias o aprendidas; fácilmente reconocibles o ligeramente veladas; permanentes o caducas. Eso sí, siempre son fruto de una respuesta generada desde la propia ciudad y no, una imposición mayoritaria de sus ciudadanos.

La arquitectura necesita tiempo porque no es un objetivo en si, sino un elemento a descubrir que reclama que la observen con paciencia. Sin ese tiempo necesario para una correcta valoración se caerá con facilidad en la crítica simple de quien explica a otro cosas que uno mismo no pudo hacer. Continúa...



Los periodos de cuatro años que duran las legislaturas municipales precipitan las opiniones y se constituyen en auténticos caldos de cultivo de sentencias deslegitimadoras. Sin embargo, no todas las opiniones deben ser siempre tenidas en cuenta porque no todas son siempre legítimas. ¿Y en arquitectura?, en arquitectura tampoco.

Puedo entender la dependencia que los políticos tienen de los ciudadanos, de esas opiniones que luego se vierten en votos. También la necesidad de contentar a una mayoría que no siempre tiene porqué entender el alcance de una edificación, el lenguaje que ha utilizado el arquitecto y la proyección que pueda tener en el futuro. Puedo entenderlo, pero no debo compartirlo. Existe una completa normativa de rango local y regional que marca los límites de la actuación de los arquitectos, de los promotores y de los propios equipos de gobierno que, cada cuatro años, desempeñan la labor de gobierno en el Palacio de la Plaza del Carmen. Esa normativa nos compromete a todos, también a los ciudadanos que, antes de la aprobación de un Plan General pueden opinar sobre su contenido, su desarrollo... y de hecho lo hacen. Esas opiniones deben ser tenidas en cuenta por los legisladores. En ese momento y en esas circunstancias.


Hoy día las prisas siguen siendo enemigas del buen hacer y cada vez es más frecuente que la espera en el juicio se interprete como una limitación o un simple vacío de poder. Por eso se reclaman continuos pronunciamientos sobre intervenciones que a pesar de estar finalizadas, aún están incompletas. Me explico. Una intervención en un espacio público está condicionado por una expectativa del desarrollo futuro de otros elementos. Una valoración inmediata sería incompleta y dispararía opiniones sin más ciencia que la precipitación. Es muy probable que ese espacio público tenga la virtud de no ser un elemento exento si no que dialoga con distintos fragmentos de ciudad muchos de los cuales aún no están completamente definidos. Esta capacidad de crear ciudad será una virtud que difícilmente podrán leer los que no sepan esperar porque sólo desde el paso del tiempo puede ser eficaz su tratamiento.

Poner ejemplos es siempre una empresa arriesgada. De todas formas ¿quién cuestiona hoy el carmen de Rodríguez Acosta o el hotel Alhambra Palace? Ha sido necesario el paso del tiempo, la perspectiva para entender el alcance de unas edificaciones claves para entender nuestra actual configuración urbana. El paso del tiempo ha sido definitivo en ese sentido. Como también la genialidad de quienes proyectaron esos monumentos y la valentía de quienes decidieron apostar por una ciudad que merece lo mejor. También en arquitectura.

Jaime Vergara Muñoz. Arquitecto
18 de septiembre de 2006