lunes 18 de enero de 2010

La buena arquitectura y la literatura

Publicado en Volúmenes nº 44. enero-marzo 09

Todas las artes están emparentadas. Podemos relacionar la pintura con la escultura; la música con la poesía y la arquitectura con la literatura. En este último caso encuentro cierta similitud entre distintos autores: Alvaro Siza y Fernando Pessoa; Aldo Rossi y Rainer M. Rilke; o Víctor López Cotelo y Pedro Salinas. El paralelismo existe no solo porque aparezcan equivalencias formales, espacios ya descritos en prosa o simples destellos literarios en sus memorias; sino porque ambos expresan unos mismos pensamientos y comunican idénticos significados.

Las buena arquitectura como los clásicos de la literatura alumbran toda una vida. Recogen momentos históricos de la memoria colectiva y los convierten en iconos propios de una generación. Son obras de arte que sobreviven al tiempo y al cambio, anclándose para siempre en la realidad.
El perfil intelectual de un arquitecto y, como consecuencia su obra, se caracteriza por la formación cultural que ha recibido. Ese alimento intelectual es imprescindible para no caer en la obsesión por la forma o la imagen. Podríamos escribir una historia de la arquitectura atendiendo sólo a las referencias formativas de cada autor. El buen arquitecto vive preocupado por aumentar su formación cultural. Lee y dialoga con los libros; piensa y se hace preguntas; escribe y nos muestra su alma. Estos tres elementos son importantes porque el que no lee ni escribe bien, no puede tener sino los rudimentos más elementales del pensar.

La formación del arquitecto debería ser eminentemente humanística, porque necesita una imagen clara y elemental de lo que es un hombre, de cuál es su perfección y de cómo se cultiva. Es el único camino para que la arquitectura configure el bien el entorno y mejore la calidad de vida de las personas, alcanzando, como en la literatura, obras de dimensiones creativas y estéticas.

Aunque parezca un tema menor, la lectura para este propósito es esencial. La parte más importante del cultivo de la inteligencia se hace con la lectura de los grandes libros: las grandes novelas; las de historia, también las biografías; y el ensayo.
Leer ejercita la inteligencia y ayuda a comprender a todo tipo de personas y situaciones. Quien lee con dominio, facilidad y gozo aprende a vivir bien; más en serio y con mayor intensidad. Se enriquece interiormente; despierta su inteligencia; conoce más y aprende a llegar al interior de las almas. Por medio de la palabra escrita se experimenta el encuentro con la verdad y con la belleza. Es sin duda una de las actividades más intensas y vivificantes que puede realizar la persona.

Se entiende que no se deba caer únicamente en esa lectura inevitable por las circunstancias profesionales, o esa otra que consiste en un mero ejercicio de evasión, sino todo aquel papel impreso que contribuye a que el espíritu adquiera “forma humana”.

Pero, ¿que debe leer un arquitecto?. En primer lugar, aquello que nos atraiga por la razón que sea o que simplemente haya gustado a otros de confianza. De todas formas conviene establecer algún criterio de selección, porque la oferta que se nos presenta es abundante. Padecemos una abundante crisis de excedentes culturales que intoxican. El número de escritores es enorme y va en aumento porque es el único oficio que se practica sin haberlo aprendido.


Continúa...



Daré tan solo algunas reglas, unas negativas y otras positivas.

Las primeras las resumiría aconsejando no leer aquella prosa que aún esté demasiado fresca. Suelen ser los Best-Seller de temporada. Es literatura que se hace para venderla y no para vivirla. Es preferible esperar. El tiempo del que disponemos es limitado y consumir un mal producto aturde. También hay que huir de aquellos libros de los que decía Goethe en Arte y Antigüedad, “...parecen escritos, no para que se aprenda en ellos, sino para que se sepa que el autor sabía algo”. Se distingue porque son lanzados al mercado con demasiada pompa mediática, suelen estar mal traducidos y acumulan erratas. Tampoco soy partidario de las revistas de arquitectura que tan solo ofrecen imágenes y cuidan muy poco los textos. Los buenos proyectos, se deben poder leer.

Por lo específico de nuestra profesión deberíamos también escoger esos otros libros que recogen escritos e intervenciones de buenos arquitectos, como el de Conversaciones con Javier Carvajal, los Escritos de Alejandro de la Sota o las publicaciones de Mies y Le Corbusier. Puede ocurrir que se le preste mucha atención a sus obras y que no ocurra lo mismo con sus textos.

Por otro lado, aconsejaría leer aquellos libros, que divierten y enseñan, que dicen lo que a nosotros nos hubiera gustado escribir, que cambian nuestro modo de ver las cosas, que han pasado la prueba del tiempo, que emocionan y que se imponen a nuestro espíritu con las fuerzas de lo imprescindible en cuanto los abrimos. Dicho con palabras del pensador español Jaume Balmes: “conviene leer los autores cuyo nombre es ya generalmente conocido y respetado; así se ahorra mucho tiempo y se adelante más. Estos autores eminentes enseñan no sólo por lo que dicen, sino también por lo que hacen pensar”. También Séneca en la segunda de sus Cartas Morales a Lucilio nos da un consejo que merece la penar recordar: “Ten cuidado de que esta lectura de muchos volúmenes y muchos autores no tenga algo de caprichoso e incostantes (...). Muchedumbre de libros disipa el espíritu; y por tanto, no pudiendo leer todo lo que tienes, basta que tengas lo que puedas leer (...). Es propio de un estómago inapetente probar muchas cosas, que, por ser contrarias y diversas, en lugar de alimentar corrompen. Lee, pues, siempre autores consagrados, y si, alguna vez te apetece distraerte con otro, vuelve a ellos”. Sin duda, el problema de la oferta no es la carestía, sino el exceso y por tanto la indigestión. Hay que decidir y acertar con lo que se lee. No todo ayuda.

En definitiva, hay que leer sobre todo clásicos. Libros que resisten al paso del tiempo. Pedro Salinas en su libro el Defensor, lo razona así: “Leer con atención profunda los clásicos es entrar en contacto con gentes que supieron pensar, sentir, vivir más altamente que casi todos nosotros, de manera ejemplar; y darnos cuenta de cómo ese pensar y ese sentir fueron haciéndose palabra hermosa. Los clásicos son una escuela total; se aprende de ellos por todas partes, se admira lo entrañablemente sentido o lo claramente pensado, en lo bien dicho. Y cuando nos toque a nosotros, en nuestra modesta tarea del mundo, la necesidad de hacer partícipe a nuestros prójimos de una idea o de un sentimiento nuestros, esos clásicos que leímos estarán detrás, a nuestra espalda, invisibles pero fieles, como los dioses que en la epopeya helénica inspiraban a los héroes, ayudándonos a encontrar la justa expresión de nuestra intimidad”.

Recientemente en Granada se están construyendo interesantes proyectos que exteriorizan el fondo literario de sus autores. Por citar alguno, me gustaría detenerme en el Museo del Agua en Lanjarón, del arquitecto Juan Domingo Santos.
Es un proyecto de abundantes figuras literarias. Proyectado con una delicada gramática y una correctísima sintaxis. Huye de la sobreabundancia lujosa; es austero, libre y de métrica precisa.
Evita las formas de límites marcados para entregarnos materiales densos y esenciales: maderas, piedras, metales. Emplea un lenguaje constructivo en el que aprovecha la fidelidad a la vida inmediata, el arraigo a lo popular, el hablar de las gentes y el decir popular de los alpujarreños. Es tan frágil y exacto en sus detalles, que hubieran bastado unos pocos desaciertos constructivos para estropear toda la voluntad del arquitecto.
Juan Domingo Santos demuestra en esta obra que su mundo es la naturaleza y no lo fabricado, la humanidad y no la tierra, la situación y no el objeto. Es la expresión de un contenido captado con anterioridad, previo al encargo del proyecto pero que, desembarca ahora encontrando los mejores versos para el más bello poema.

Pocos arquitectos conocemos en quienes la voluntad literaria haya moldeado tan profundamente un carácter y una existencia personal. Su trabajo en Lanjarón es delicado como una creación de Neruda; cercano como un relato de Delibes; fresco y luminoso como una novela de Cela y; psicológico e intuitivo como los personajes de Carmen Laforet.

Todos los arquitectos deberíamos encontrar esas huellas visibles de los grandes maestros de la literatura, beber en ellas y recomendar a quienes comienzan a proyectar, que lean un buen libro antes de garabatear una magnífica idea.


Jaime Vergara Muñoz
Arquitecto

martes 13 de octubre de 2009

Ágora: arquitectura y cine


Ágora: arquitectura y cine
publicado en IDEAL 13 de octubre de 2009

El reciente estreno de la película Ágora, del director español Alejando Amenábar es un magnífico ejemplo de la relación que existe entre el cine y la arquitectura. En este caso el equipo de Ágora se trasladaron a la fortaleza de Fort Ricasoli, en Malta, para hacer realidad los enormes decorados de la película, que incluyen viviendas de estilo grecorromano, el ágora del título, una prefectura romana, templos paganos, iglesias cristianas, un anfiteatro griego, la catedral de Hipatia y las calles de la mítica Alejandría con su legendaria biblioteca.
En la producción, la actriz Rachel Weisz es Hipatia, una filósofa en la Alejandría del siglo V. Toda la interpretación se desenvuelve en un entorno arquitectónico que resulta imprescindible para la credibilidad de la historia.
Todas las grandes películas que se han consolidado como un clásico del séptimo arte cuentan con arquitecturas muy cuidadas. Tanto si son futuristas como si se trata de una recreación histórica necesitan representar con fidelidad distintas épocas o lugares remotos. Estudiar, documentarse, emplear técnicas y materiales que no desentonen con el tiempo en el que desarrolla la acción, es esencial.
Un buen director de cine siempre cuida en los primeros bocetos del guión el espacio escénico donde de desarrollará la acción. Los inicios del cine mudo (1895) obligaban a emplear todos los recursos posibles para acentuar la dramatización de la historia narrada y las gesticulaciones de los actores. Los decorados debían prestar a la narración fílmica una atmósfera adecuada para desarrollar la historia. Comienza aquí, la arquitectura a ser un recurso más de la estética visual de los filmes.
En 1916 se filma “Intolerancia”. Esta obra (naturalmente muda) presenta cuatro historias paralelas, con escenarios complejos y gran cantidad de actores. La narración más espectacular presenta la conquista de Babilonia por los persas en el año 539 a. C, recreando escenas en los muros de la ciudad, los salones del palacio real y un monumental patio de ceremonias. Aunque los escenarios están basados en antecedentes arqueológicos de la cultura mesopotánica, la realidad arquitectónica que utiliza, sin querer quitar otros méritos a la obra, deja mucho que desear en magnitud y decoración de los espacios babilónicos.
Un poco más adelante, en 1920, Robert Weine con El gabinete del Doctor Caligari trabaja con arquitectos para diseñar sofisticadas escenografía con decorados que realzan la locura de su protagonista.
En “Metrópolis” (1926) la acción se desarrolla en una enorme ciudad jerarquizada y ficticia en la que se cuelan algunos errores como la aparición de una catedral gótica o una casa medieval en medio de la ciudad. En “Ciudadano Kane” (1946) se recrean interiores completísimos en el que el arquitecto crea, como lo hace el cineasta comprometido, espacios que conducen e influyen en los personajes facilitando magistrales juegos de cámara.
A partir de este momento los arquitectos se involucran decididamente en la producción fílmica. Comienza una relación con los directores de cine de la que todos salen beneficiados. Esta sintonía es apropiada para la innovación técnica, para las investigaciones estéticas y las nuevas formas de experimentar el espacio.
Los recintos arquitectónicos que se construyen para películas como Quo Vadis? (1951), Ben Hur (1959) o Espartaco (1969) son decorados que recomponen construcciones, muestran estructuras sociales, maneras de vivir, mentalidades propias de las época, etc. Sin necesidad de alargar el metraje y complicar los diálogos introducen al espectador en el contexto histórico adecuado. Materializan el ritmo, la forma y el espacio.
Otro clásico del celuloide fue Blade Runner (1982). Pertenece a ese grupo de películas que se estrenan pasando desapercibidas. Posee un largo proceso de elaboración con cambios continuos en el guión y tiene un elaboradísimo sistema de arquitecturas que recrea la ciudad de los Ángeles del 2019, caótica y poco racional. En esta película la lluvia estará presente casi en todo momento, no únicamente como paisaje, sino también personaje y arquitectura. Es un instrumento formal que en el cine transmite intensidad, atención, o simplemente el momento de alguna escena inolvidable. También en Ágora el director emplea elementos naturales como fondos de arquitectura: el sol, la noche, las oscuridad, el fuego. Todos ellos remiten al misterio de lo real y dan que pensar.
El séptimo arte, salvo para los estetas es algo mas que pura belleza, también es reflejo de la verdad y testimonio del bien. El cine ayudado por la arquitectura, puede desempeñar una función educativa por la que el cineasta adquiere una responsabilidad ética. La representación de la historia a través del cine es un tema crucial, dado el fortalecimiento y la credibilidad que se le da a este medio. Cualquier fuente visual tiene un fuerte impacto en la reconstrucción y conservación de la memoria. Los directores de cine lo saben y los arquitectos colaboran.
En esta nueva película, sobre la filósofa Hipatia en la Alejandría del siglo V, se cuida mucho el vestuario y por eso se acude a Gabriella Pescuci para garantizar la fidelidad a las costumbres de la época; la banda sonora que acompaña en todo momento imprime un tempo que invita a la reflexión; y la dirección de fotografía es acertadísima obteniendo en cada plano secuencias constructivas muy esmeradas.
Sin embargo Amenabar introduce en su creación un elemento ideológico un poco confuso, la idealización del paganismo contrapuesto a la civilización cristiana. Es la historia de un crimen político convertido en un atentado misógino y antipagano que no queda explicado con rigor.
En definitiva, que podremos reconocer mucha belleza en esas imágenes a pesar de algunos desaciertos históricos. Hubiera sido una magnifica ocasión para comprender más los lugares y personas a través del cine, pero se queda en un producto meramente comercial para que guste a todos.

Jaime Vergara Muñoz

martes 6 de octubre de 2009

Granada como nueva ciudad metropolitana




Artículo publicado en IDEAL el 22/09/2009

Hace unos años, David Lyon publicó su libro Postmodernity (Alianza. Madríd, 1996). Distingue –sin ser un análisis filosófico, sino sobretodo sociológico- entre el postmodernismo, que acentúa el aspecto cultural, y la postmodernidad, que pone el énfasis en lo social.
Según Lyon, frente a la modernidad, que buscaba la diferenciación, la racionalización, el urbanismo, la disciplina, la secularización; la postmodernidad se caracteriza por la disgregación, la descentralización, la superficialidad, el consumismo y la indiferencia.
No creo que resulte pretencioso reconocer en este modelo postmoderno, el alambicado discurso político sobre el crecimiento y desarrollo de la ciudad de Granada. Se advierte con facilidad que el nuevo tipo de sociedad en la que nos desenvolvemos está más centrada en los consumidores que en los trabajadores. La arquitectura que esta situación genera, encuentra en el humus nutricio de la política-ficción, un entorno tremendamente favorable para desarrollar un modelo arquitectónico torpemente proyectado, que cicatrizan en el sky-line de la ciudad como vestigio de una enfermedad mal curada.
Son fácilmente distinguibles desde la autovía, esas modernas repisas habitacionales de fin de semana, en las que el único merito arquitectónico se le presenta por haber sido capaz de acumular tanta edificabilidad; esos nuevos espacios de ocio que rigidizan un trozo de ciudad por no encontrar una adecuada infraestructura que las alimente; o, esos contenedores –de metros cuadrados- que albergará, en el mejor de los casos, una gran cantidad de publicidad institucional dejando poco hueco a otro tipo de representaciones culturales.
Y es que, toda esta arquitectura, alentada con el empuje electoral, tiene siempre una marcada dirección de espectacularidad, aderezada con la engañosa cosmética de la representación informática que ayuda a confundir el lugar con un suculento solar, y, que promete una calidad de vida que tan sólo se podría conseguir si pudiéramos reinventar los siete últimos siglos de la ciudad de Granada.
Esta nueva cultura del consumo es netamente metropolitana. Así lo entendía Lyon, y así nos lo demuestra los retazos mas conocidos del PGOU.
Hasta ahora en cualquier modelo de crecimiento estaba siempre presente, la urbe de Los Angeles como paradigma de la ciudad nueva. Hoy día se ha convertido sin duda, en la ciudad tipo de la postmodernidad: su falta de centro urbano es toda una metáfora de la nueva cultura que pone el énfasis en la elección individual y en las preferencias de los consumidores. No, este no debe ser nuestro camino. No debe ser, al menos que se decida trabajar desde un urbanismo ajeno a los cuadrienios electorales y con el deseo sincero de facilitar el crecimiento, también económico, de los distintos pueblos de la provincia.
Una vez establecida la estrategia de aproximación, hay que esbozar algún tipo de respuesta a ese elemento tan marcado en Granada como es la Vega. Se devalúa cualquier intervención política sobre “el cierre del anillo de la autovía”, “la conexión del area metropolitana con el tren de cercanías”, o “las áreas de crecimiento de la ciudad”, sino se engarza de manera indivisa con una reflexión sobre el futuro de la Vega.
En este sentido, cuando vemos las precipitadas y continuas propuestas municipales que se lanzan sin un estudio serio que las acompañen, es y perdonen el ejemplo: como pensar que la mejor razón para aprender a tocar el piano es que así se hace uno más diestro para cortar verduras.
No faltaría sentido para pensar que el primer escollo en el diseño de la ciudad de Granada, es la Vega…, y es que son abundantes los malentendidos entre los científicos y los políticos, a la hora de afrontar los problemas de medio ambiente. Esto no es nuevo, y habitualmente convivimos sin mas sorpresas, pero con este problema de comunicación entre los expertos medio-ambientales y los planificadores.
Los políticos reclaman recetas y, los científicos responden proporcionando conocimientos pocas veces compatibles con el urbanismo. Casi por definición, los problemas de medio ambiente entran siempre en el campo de la conjetura, y el urbanismo es una realidad difícil de delimitar cuya complejidad aumenta con cada nuevo giro en los moldes sociales o también con la decisión de las urnas.
Por otra parte, y ya para finalizar, no está mal recordar que toda acción tiene forzosamente efectos positivos y negativos. Y aquí interviene el papel fundamental de la política, que debe arbitrar sin olvidar que la noción de preservación que a menudo se pone en primer plano es engañosa: los ecosistemas están en constante evolución. Como la propia ciudad. Y por eso no se trata de preservar, sino de gestionar lo mejor posible el porvenir de una ciudad de lo que no pocos estamos enamorados.

Jaime Vergara Muñoz

jueves 10 de septiembre de 2009

Una opción preferencial por la belleza



5 claves para entender el edificio Memoria de Andalucía de CajaGranada
Publicado en IDEAL 10.IX.09


La última visita de SS.MM. los Reyes de España a Granada fue para inaugurar el Centro Cultural CajaGRANADA Memoria de Andalucía, del arquitecto Alberto Campo Baeza. Traslado a este artículo algunas de las claves del edificio para que todos podamos valorar el regalo que su arquitectura deja en la ciudad de Granada.

Hay personas que nos asombran o atraen más por lo que callan, que por lo que dicen. En esta última obra de Campo Baeza sucede algo parecido, que para saborearla necesitamos cierta serenidad.
Señalaré 5 elementos esenciales para entender el Centro Cultural Memoria de Andalucía, pasando por alto esas otras opiniones sobre cuestiones estéticas, funcionales y constructivas, que ninguna de ellas es absoluta y pueden confundir. Hay que ver la Arquitectura como un arte, cuyo mensaje no se transmite solo visual o auditivamente, como ocurre en la Pintura y en la Música. En la Arquitectura vivimos inmersos y su mensaje artístico lo recibimos por todos nuestros sentidos y potencias. Por eso, aunque el impacto estético es considerable, no es su aspecto formal el más importante.
Primero. Este nuevo edificio cierra el conjunto arquitectónico concebido por Campo Baeza para CajaGRANADA (el edificio de la sede central de la entidad y el Centro Cultural). Todo lo pensó como una unidad, y el tiempo le ha dado la razón. El diálogo que genera la proximidad entre un volumen horadado y otro denso, provoca, hasta cierto punto, el valor de cosa única. No se entenderían el uno sin el otro. Son realidades serenas, logradas, y acabadas. Entre ambos volúmenes consigue un equilibrio visual, “difícil facilidad” que es signo de maestría: perfección en la arquitectura, dominio de la técnica y armonía de sus formas.

Segundo. El espacio arquitectónico no es sólo la geometría compositiva. Hay otros muchos elementos más importantes que limitan y constituyen el edificio. Así por ejemplo está la luz que empapa su aire y que le da carácter (hay luces que atrapan, que cobijan, luces que levantan, que concentran, luces que dispersan, luces que igualan...); el sonido –o el silencio- que lo inunda y que se reproduce en distintas zonas. Y naturalmente, la temperatura que siembra inquietudes o colabora a la paz del espíritu.

Tercero. Crea un nuevo paisaje cultural y urbano en la ciudad. Por un lado el Centro Cultural interviene decisivamente en el modelado de la topografía cultural de nuestra sociedad generando cultura, opinión y conocimiento; y por otro lado se relaciona con la edificación existente, con sus flujos y trazados crea un nuevo paisaje urbano.
Cuarto. La obra Campo Baeza es una opción preferencial por la belleza. No es minimalista, a su arquitectura él mismo la denomina Esencial. Entiende la arquitectura como algo tangible, perceptible y sensitiva. Cualquier recorrido por su trabajo muestra lo inmaterial del espíritu humano, que viaja de lo construido a lo trascendente. Un simple instante en su obra es una experiencia humana genuina –un gozo, una alegría, un atisbo de plenitud- que surge en la contemplación de los espacios y nos eleva hacia horizontes de maravilla.
Quinto. Los principales elementos con los que trabaja son la Idea, la Luz y la Gravedad. Con estos ingredientes bien temperados consigue unos espacios luminosos, netos, inmateriales y algo misteriosos, capaces de abrir horizontes y dar belleza a la existencia propia de los espacios construidos. Su obra tiene en la idea su origen, en la luz su primer material y, en el espacio esencial, la voluntad de conseguir el “más con menos”.
La Idea es la síntesis de todos los elementos que componen la arquitectura (contexto, función, construcción, composición), capaz de ser construida, de materializarse. Y así como las formas pasan, se destruyen, las Ideas permanecen, son indestructibles.
La Luz es componente esencial, imprescindible para la construcción de la Arquitectura. Usa la Luz como materia y como material. Sin Luz no hay arquitectura. Es la encargada de tensar el espacio para el hombre.
La Gravedad es imprescindible en toda obra. Sin este elemento cualquier materialidad desaparecería. El sistema gravitatorio sustentante, la estructura, es la que ordena el espacio, la que lo construye.
Con el Centro Cultural de CajaGRANADA, Alberto Campo demuestra que la arquitectura, como cualquier otro arte, encierra un reto que exige del artista triunfar sobre muchos condicionamientos. Él lo consigue y sin duda vuelve a regalar a la ciudad, la dignidad que le corresponde.

Jaime Vergara Muñoz.
Arquitecto

viernes 10 de julio de 2009

Arreglar los excesos urbanos que nos dejaron los momentos de bonanza

Publicado en Volúmenes nº 43. abril-junio 09

El sector inmobiliario en general y el de la construcción, en concreto, siguen viviendo su particular calvario. Cada vez se venden menos casas y esto está teniendo serios efectos sobre el el conjunto de la economía. Comienzo estas líneas con una buena noticia.

Los precios de la vivienda en Estados Unidos subieron en febrero el 0,7% respecto a enero. Es la segunda subida consecutiva y sirve, por el momento, para dar ánimos a las cotizaciones que empezaban a pintar en negro.Cualquier otro dato positivo de las empresas de nuestro territorio nacional hubiera sido mucho más celebrado. Es cierto, sin embargo no deja de tener interés que desde el sector en el que se originó la crisis (el sector inmobiliario estadounidense) sea precisamente desde donde nos lleguen las buenas noticias.

Estos datos no son suficientes para anunciar el final de la crisis, ni mucho menos. Pero apuntan una actitud distinta de los empresarios americanos ante la desoladora y severa situación en la que vivimos.

En España la intensidad de la crisis y la velocidad de su llegada dejó una sensación de sorpresa e indefensión que, unidas al sentimiento de culpa, no fue el mejor caldo de cultivo para activar ningún mecanismo de protección o de defensa. A esto se le unió la excesiva confianza en la bonanza económica en la que vivíamos y una deteriorada cultura de consumo.
La situación, aunque grave, es totalmente transitoria. La tentación fácil es largarse del sector inmobiliario. Pero no todos pueden ni deben. Se comienza por aligerar peso. Sometemos la empresa a un lifting estructural. Se reduce la plantilla de profesionales con la que uno trabajaba y se mal venden los activos de manera precipitada por miedo a que la situación empeore. Falta cabeza y sobra precipitación.

Pieza importante de la labor del empresario inmobiliario ha de ser la correcta toma de decisiones. Entre los enemigos más frecuentes se encuentran: la precipitación, pues no permite la contemplación de la realidad; el centrarse desmedidamente en los beneficios; la obstinación que cierra la puerta al consejo de otros más preparados; la inconstancia de quien no valoró su fortaleza; y la vanidad de quien pretende entender de todo.Continúa...
En momentos como los nuestros, es imprescindible actuar y vencer la tentación de no hacer nada. En todo este proceso de recuperación hay un conjunto de actitudes que considero imprescindibles: la confianza en el equipo que nos facilitó llegar hasta donde estamos; la seguridad en nuestra posibilidades de reacción; la responsabilidad personal sin tener que buscar otros culpables; la seguridad personal en lo que se hace sin dejarse arrastrar por la parálisis general; y la iniciativa que nos lleva a tener ideas nuevas para salir adelante.

La mayor cantidad de tiempo despilfarrado es el que se emplea en no comenzar con la puesta en marcha de un proyecto de cambio –empezando por la transformación personal- que se ha visto como necesario o conveniente. Hay que asumir que no basta con saber lo que hay que hacer, sino que también hay que aplicarlo. No es suficiente querer, es imprescindible obrar.

Desde que la crisis amenazaba con tocar y hundir el sector inmobiliario, un grupo de profesionales de la arquitectura comenzaron todo un proceso de creación de ideas para gobernar toda esa fuerza económica que mueve el sector inmobiliario en España. Se trata de un grupo de arquitectos que crean el primer grupo de investigación centrado en el reciclaje de barriadas. Una propuesta que, entre otros muchos motivos, pretenden recualificar territorios urbanos y adaptarlos a los nuevos tiempos. Una saludable manera de cambiar hábitos: arreglar en tiempos de crisis los excesos urbanos que nos dejó los momentos de bonanza.

Para este grupo de profesionales la crisis es un punto de inflexión. No es un problema, es una ocasión de mejora si se reconducen las tensiones y señales desestabilizadoras que obligan a tomar en consideración la necesidad de un cambio de rumbo. Una crisis implica una autoevaluación del por qué, el cómo y el para qué lo estamos haciendo.

La cultura contemporánea ha llegado hasta este extremo de parálisis por el excesivo consumo de nuevos productos, del usar y tirar. Justificando que sale más barato tirar y hacer de nuevo que reconstruir. Pero ¿es el económico el único valor de riqueza en una sociedad?.
Ante este escenario, plantean la búsqueda de nuevas estrategias que complementen y potencien con otros valores esa condición cambiante de la ciudad, apoyándose en el concepto de reciclaje como motor para reactivar un nuevo ciclo en nuestra economía inmobiliaria.

Podríamos hablar de mejorar las infraestructuras que dan acceso a los grandes centros comerciales; de una nueva planificación urbanística en territorio aún sin cualificar; de viviendas accesibles a los jóvenes y con un planteamiento de compra diferente a las tradicionales hipotecas de por vida; instalaciones deportivas y de ocio con ayuda pública; rehabilitación y repoblación del centro histórico, etc.

Por centrar la atención tomaremos como referencia el trabajo de dos jóvenes arquitectos de Granada, Oscar Raya y David Camilo. Desarrollan un interesante proyecto de investigación sobre el reciclaje de barriadas. En una de sus propuestas estudian y aportan soluciones concretas para el polígono residencial La Paz-Cartuja. Este barrio constituye uno de los episodios más significativos del modelo urbano que se desarrolló a partir de los sesenta en la ciudad con serios fracasos urbanísticos y de habitabilidad. Actualmente está configurado como un área de marginalidad social. El rápido deterioro de las viviendas y de su entorno, han convertido el polígono en un lugar degradado.

El origen del polígono corresponde a una iniciativa de la administración central, a través del Ministerio de la Vivienda, que se remonta a 1958, para una urbanización completa de ambos polígonos debido al problema endémico de la ciudad de Granada como consecuencia de las inundaciones, que dejaron sin vivienda a muchas familias al hundirse las cuevas del Sacromonte y que se fue agravando a raíz de la afluencia de jornaleros ante la falta de trabajo en el campo.

La decisión de construir viviendas sociales para realojar a las familias que vivían en los albergues unida a la propia concepción urbanística del plan de organización, radicalmente opuesta a la tradición urbana de Granada hizo que la iniciativa privada desconfiara de la rentabilidad de las inversiones, perdiendo el interés por el proyecto y las sucesivas subastas de terrenos fueron quedando desiertas. Ésto forzó a modificar las condiciones de aprovechamiento previstas, así como el incumplimiento de las propuestas de equipamiento público. Lentamente se fue configurando la totalidad de la zona norte como un área de marginalidad social y provocó el rápido deterioro de las viviendas y de su entorno.

La actuación que proponen en esta zona extensible al resto de la ciudad, contempla el final del ciclo que conocemos: ‘consumo de suelo-amortización-abandono’ y un nuevo proceso de crecimiento con alternativas de reciclaje del suelo ya urbanizado y de las urbanizaciones existentes. Se introduce un discurso con nuevas reglas de juego urbano, reconociendo que muchas de las cualidades públicas de la ciudad contemporánea se encuentra en el buen hacer del derecho individual, en el desarrollo público del individuo, en el avance de la ciudad civil complementaria y no enemistada con la ciudad pública.

Son conscientes que las posibles propuestas deben introducir nuevas fórmulas de gestión, modificaciones de la normativa de vivienda social para adaptarla a las nuevas necesidades de los ciudadanos, conseguir atraer los intereses de la inversión privada para que estas actuaciones funcionen con un motor propio. Son muy partidarios de la actuación inmobiliaria Pública-Privada, que genere empleo y una sana competitividad. Hablan de desarrollos singulares para relanzar la economía de la ciudad y de inversiones que significarían un punto de inflexión de este ciclo y constituiría la base de un crecimiento sostenible.

La propuesta de estos arquitectos no solo reside en el análisis de los factores, ni en el intercambio de simples ideas, sino en la articulación del conjunto de actuaciones sobre el barrio, y en sus posibilidades de crear con toda esta producción un cuerpo de estrategias a través de su interrelación.

Siendo esta una actuación concreta en la ciudad de Granada, quedarían otras muchas situaciones en las que intervenir. Así por ejemplo tendríamos que solucionar la tragedia varada del Comercial Nevada; los accesos a todas las zonas deportivas y de entretenimiento de la zona Norte y Chana; la conexión de la Alhambra; los accesos a Sierra Nevada; la rehabilitación del centro histórico y el Albayzín; la interconexión de las distintas bolsas urbanas de la ciudad, etc.

Sorprende con agrado que en tiempos tan pesimistas para el sector, existan esos jóvenes profesionales que no se limitan a describir problemas si no que además presentan soluciones. Tendríamos que darles voz y además voto.

Jaime Vergara Muñoz
Arquitecto

viernes 20 de febrero de 2009

Una arquitectura sin olvido



Publicado en Volúmenes nº 41. enero-febrero 09
En la última Bienal de Arquitectura Española, quedó finalista un edificio de Granada obra de Elisa Valero Ramos: el Centro Social Polivalente en Lancha del Genil. Es sencillamente una pequeña nave, como la de Colón, que tomó forma, navegó con ímpetu desde el Mediterráneo y, conquistó todo el Nuevo Continente.

Hay muchas ideas que no caben en este artículo ni tampoco pretendo escribirlas todas. Escribir sobre arquitectura es siempre un fracaso. El lenguaje resulta limitado con respecto a aquello que pretende: la representación sensible de lo infinito. Si además de hablar de la obra, intento dar a conocer al arquitecto, el mejor modo de comenzar el artículo es pidiendo perdón. Disculpe el lector el tono alegórico de algunas afirmaciones, en la aproximación al estudio de esta arquitecto.


Elisa Valero Ramos es arquitecto por la E.T.S.A de Valladolid. Premio Extraordinario Fin de Carrera y Premio al mejor Expediente Académico de la Universidad de Valladolid. Recibió la Beca de la Academia de España en Roma, prestigiosa institución fundada en 1873 que ha desarrollado un papel fundamental en la formación de muchas generaciones de artistas e intelectuales españoles. Allí también estuvieron arquitectos destacados como Rafael Moneo, Juan Navarro Baldewg o Luis Moreno Mansilla.

Hija de madre pintora. De ella heredará una fina intuición y esa perspicaz mirada para hacer de la luz, su principal materia prima. Doctora Arquitecto por la Universidad de Granada precisamente con una tesis sobre el análisis de la luz en el proyecto de arquitectura.

Nada más terminar la carrera realizó una estancia en México. Allí recibe su primer encargo. La restauración del Restaurante Manantiales, obra del prestigioso arquitecto Félix Candela. Se aproxima al proyecto, lo estudia y espera. Durante un paseo por la ciudad de Xochimilco, se detiene en un mercadillo de frutas que llevan un matrimonio joven con sus 3 hijos. Allí descubre el calor de lo cóncavo y la lozanía de lo espontáneo. Son espacios pobres en materiales pero ricos porque apuestan por una belleza doméstica que a estas alturas de siglo aparece como una provocación. Entiende sin más que su intervención en Manantiales debe ser un trabajo que devuelva a la obra su valor original. Que siga enraizada en su tierra y en su propio lugar. Así serán siempre sus intervenciones en el Patrimonio.



Su arquitectura brota del ámbito de lo concreto y lo individual de la reflexión; de las circunstancias y personas que realizan el encargo. En su obra, no se reconocen características formales comunes. Tan sólo se advierte un dualismo perfectamente articulado, con un anverso grávido y un reverso de luz que apuntan en la misma dirección. Muy cercana al cliente. Según nos dice “el proyecto no debe ser en ningún caso el armazón hermético que protege al arquitecto del resto del mundo, abriendo un abismo insalvable entre él y el cliente. El arquitecto es un profesional al servicio de la sociedad que humaniza el trozo de mundo que le corresponde”.



Continúa...
Para Valero Ramos el dominio del lenguaje arquitectónico es requisito, no meta. Los materiales, los sistemas constructivos que emplea son siempre resultado de un meditado y acertado proceso creativo. Es ordenada y práctica. Trabaja con una desconocida soltura intelectual de discurso fluido, con metros y acentos perfectamente pulidos. En su estudio se dan cita de manera continua intelectuales de todo tipo. Habla de pintura manejando la forma y el color; de poesía con las palabras y el ritmo; de escultura con materiales y volumen; de arquitectura con el ejemplo de su trabajo.


Mantiene la máxima que la arquitectura es una importante vía de expresión cultural. Tiene 5 libros publicados y varios proyectos de investigación. Realizó un Master en Restauración Arquitectónica que le sirve para intervenir con delicadeza extrema en la Granada Histórica. Y da clase como Profesora Titular de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela de Arquitectura de Granada. Actualmente su trabajo de investigación se dirige hacia los reciclajes urbanos y la recualificación del tejido residencial para un desarrollo sostenible.


Todo este proceso intelectual y académico no la apartan de su estudio. Recibe encargos, proyecta y construye manteniendo una alta calidad en su trabajo. La arquitectura de Valero Ramos no es una ciencia estricta ni meramente estética, “es un arte necesario que surge de la conexión entre la libertad del creador y el compromiso de quien sirve”. En la Guardería y comedor municipal en los Mondragones (Granada, 2006), consigue transformar lo lúdico en épico; lo relativo en absoluto en la casa San Isidro (Granada, 2003); lo defectuoso en perfecto cuando restaura una obra de Félix Candela en Mexico; y lo mudable en eterno con la delicada restauración de la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias (Granada, 2003).

Entre las obras más destacada se encuentran el Restaurante Camaura en el Camino de Purchil; la restauración de un Palacio del Siglo XVIII en el Albayzín; Casa Salazar en Alhaurín de la Torre; 8 viviendas de protección pública en Cuevas del Becerro; la vivienda VM en Pola de Siero en Asturias; y la reconversión de una parte del edificio militar de los Mondragones en una guardería municipal.



Este último trabajo en la Ribera del Beiro es de tintes mediterráneos. Usa el muro blanco, austero y elegante con un acertado manejo de la luz. Es una intervención que se adapta a lo preexistente y crea en su interior un universo de espacios memorables. La fachada se recorta para dar lugar a unos paneles lacados en colores diversos que se separan del muro para permitir un acceso tangencial al patio de espera de la guardería. El proyecto se ordena en bandas, de Este a Oeste se sitúan los espacios para el personal, oficinas y cocina. A continuación el corredor, rematado por un patio, la banda de baños y las aulas. Las clases se caracterizan por tener una doble iluminación, ventanas altas por donde el sol de la mañana entre filtrado en verano por las hojas de árboles de la Ribera del Beiro y cristalera corrida al Oeste protegida por una marquesina de hormigón y abierta a un jardín de albero en la que aparece la vegetación como protagonista.

Hace 13 años que está al timón de su estudio. En todo este tiempo ha aprendido a navegar con su arquitectura apuntando hacia la belleza de lo cotidiano. Contempla la Naturaleza con asombro y agradecimiento. Se esfuerza en cada trabajo por hacer habitable el entorno, reconstruyendo esa unidad original de la que todas las cosas proceden. Considera la existencia como un don inmerecido y muy probablemente sea esta la causa de la serena alegría que emana en todas sus obras.

Pienso que Elisa Valero es de esos arquitectos a los que no les preocupa que a sus obras las devore el olvido. Pertenece sin más a ese grupo de arquitectos que han aprendido que las cosas más trascendentales se hacen en voz baja, pero quedan para siempre.
Jaime Vergara Muñoz

viernes 5 de diciembre de 2008

Eduardo Jiménez y Yolanda Brasa

Publicado en Volúmenes nº 40. noviembre-diciembre 08
Pensamiento, diseño y construcción

Hace unos días sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias inauguraron en Granada dos obras singulares, la NUEVA SEDE DE LA CAMARA DE COMERCIO, INDUSTRIA Y NAVEGACIÓN y la ampliación del PARQUE DE LAS CIENCIAS. Los dos trabajos fueron realizados por el estudio Jiménez Brasa.
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Eduardo Jiménez y Yolanda Brasa son matrimonio en la vida real y pareja en lo profesional. Arquitectos por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Desarrollan su actividad profesional a través de JIMENEZ BRASA Arquitectos desde 2001, en Granada. Llegan cada mañana a su estudio de Calle San Antón en bicicleta. El lleva un ligero chubasquero y ella una sencilla mochila. Son puntuales, organizados y precisos. Ella marca el tiempo y él pone la intensidad. Él pone el entusiasmo y ella lo dota de realidad.
Trabajan en perfecta sintonía. Casi se podría decir que emplean un idioma propio, lleno de silencios, miradas, signos y tonos. Un lenguaje que solo ellos entienden. Quizá porque navegan juntos y, en el mar sobran las palabras.
Les gusta viajar porque han descubierto que la arquitectura es la gramática del mundo, la escritura sorda que el arquitecto percibe sobre el fondo ambiguo de las cosas. No se contentan con conocer. Tienen el espíritu de conquista de los grandes personajes que descubren nuevas tierras para poder cederlas a otros.
Poseen una profesionalidad que impresiona profundamente, por la coherencia de sus ideas y por el buen desarrollo de su trabajo. En cada obra ponen a prueba la fuerza de las ideas arquitectónicas defendiendo la unidad de sus propuestas. Testarudos en la exigencia de la calidad de los materiales y sensibles a la autocrítica. No saben estar ociosos. Son conscientes que el tiempo pronto será memoria y hay que vivirlo sin reservarse nada. Estudian, trabajan, investigan nuevos modos de crear espacios que puedan dar felicidad al hombre, sin negar la belleza.


La arquitectura de Jiménez-Brasa es estricta, correcta, medida, sugerente, en ocasiones mágica y, sobre todo es el resultado de 20 años trabajando sin otro interés, ni otra pasión, que la bondad arquitectónica. Usan un lenguaje arquitectónico mesurado, que hace que lo que es verdaderamente difícil parezca fácil. El premiado edificio de la Escuela de Gerencia es buena muestra de ello. Silencioso donde el ruido forma parte del entorno. Es agradable en sus formas y preciso en su programa. De impecable lógica geométrica y exacta definición funcional. Consiguen en este proyecto una inserción en la periferia de la ciudad que lo convierten en un verdadero hito mágico y abstracto, capaz de suscitar a la vez identificaciones emotivas y emociones estéticas.
Son muy exactos en sus explicaciones y claros en sus exposiciones, para nada barrocos. Encarnan la nuevas exigencias que la sociedad del siglo XXI plantearán a los arquitectos del mañana. Cabales en sus explicaciones, no necesitan recurrir a expresiones indescifrables que nos alejan de la realidad de la arquitectura; ni encarnan esa equivocada imagen del arquitecto bohemio que anda a la caza de imágenes y sentimientos. Creen en las horas del trabajo bien hecho y en el esfuerzo diario. Son veraces con sus clientes, con sus compromiso y con su tiempo.

Continúa...


Parque de las Ciencias
La obra más conocida es la ampliación del Parque de las Ciencias. Resultado de un concurso abierto fallado en febrero de 2003 que gana el equipo formado por Carlos Ferrater Lambarri, Eduardo Jimenez Artacho y Yolanda Brasa Seco.
El proyecto plantea la construcción de una única cubierta con leves inflexiones, que se asemeja a una mano abierta bajo la que se alojan las diferentes piezas del programa - Macroscopio, Biodomo, Tecnoforo, Ciencias de la Salud, Al Andalus, auditorios y espacios para exposiciones temporales y permanentes- entrelazadas en un continuo espacial. Una "caja enigmática", como definen ellos mismo el proyecto, que se desvela sólo a medida que se recorre. Su silueta se corona con un sobrio perfil horizontal que recuerda el macizo mineral de Sierra Nevada sobre la tranquila ciudad de su entorno.
Se puede decir que esta 4ª ampliación del Parque de las Ciencias tiene carácter propio. Se aleja favorablemente de las otras piezas construidas para adoptar una discreta posición. Subordina la visibilidad de la arquitectura al protagonismo de la ciudad. Se agradece sin duda que no sea un proyecto locuaz como esas otras arquitecturas modernas tan de moda. Es correcto y adecuado.

El proyecto de 33.000 metros cuadrados construidos es más ciudad que edificio. Y no sólo porque su formidable escala pueda albergar el ajetreo multitudinario de los visitantes, sino porque proporciona espacios en los que moverse con gran libertad, total accesibilidad y continuidad. Descubrir, entre múltiples opciones, los posibles recorridos, transformará al usuario en ese sujeto, interesado y curioso, que asume un papel activo.
La organización espacial es completa. La idea de una "caja enigmática" despierta la curiosidad y muestra matizadamente su interior como una invitación a ser recorrida en prolongación con el espacio de la calle.

Un plano continuo plegado flota a diez metros de altura sustentado por la estructura de las grandes cajas principales del programa, definiendo en sus intersticios el gran espacio del vestíbulo, referencia permanente de los recorridos interiores y exteriores, subrayado por la luz rasante de las aberturas de fachada y enfatizado en el núcleo del edificio por la gran fisura acristalada que identifica el Parque a escala metropolitana.

La principal función de este vestíbulo será conducir y orientar al visitante en el conjunto; recibe los flujos desde la plaza de acceso y el espacio verde inmediato al río y los pone en relación con los grandes espacios abiertos ya en el interior del recinto: el Bosque de los sentidos y la plaza del Observatorio.

El vacio entre las piezas construidas del recinto se propone como un nuevo pabellón temático al aire libre que estructurado desde la idea del Bosque de los sentidos sirva de pieza de enlace entre todas las fases y contenidos del Parque. En la configuración de este "interior a la intemperie" cumple una importante función el Biodom, como la pieza que define una nueva fachada y recompone uno de los bordes más importantes de la parcela.

Piezas programáticas apropiadas intensifican en los bordes la porosidad del conjunto: minicines, cibercafé, ciberteca, áreas comerciales... se disponen en continuidad con la plataforma de espacio verde público que se constituye en vestíbulo de la galería cultural, desde la que también se puede ingresar en el Macroscopio y el resto del Parque. La accesibilidad es una premisa básica de todo el sistema de circulaciones.

El pabellón "Las ciencias en al-Andalus" contribuye, desde su clara identidad dentro del conjunto, a potenciar el carácter interactivo entre la ciudad y el Parque. La luz es el argumento que organiza los espacios. Cuatro patios ordenan el interior configurando una base flexible para la organización temática. Un espacio continuo y fragmentado a la vez que se aborda desde el vestíbulo del Macroscopio, como uno más de los pabellones temáticos, y que a la vez mantiene la posibilidad de un acceso directo desde los espacios libres en la fachada del río, en los que amplia sus zonas expositivas al aire libre.
Con este proyecto se entiende la filosofía de Jimenez-Brasa: un arquitectura con misión al mismo tiempo creativa y ética, comprometida con la enorme responsabilidad de participar en la configuración del entorno para el despliegue de nuestra vida nuestra y de las generaciones venideras.
Cámara de Comercio
Con esta obra vuelven a sorprender. Su razón de ser fundamental es cumplir eficientemente con el uso al que está destinado sin imposiciones urbanas. Mezclan circunstancias proyectuales y consiguen un magnifico resultado. Aportan riqueza al territorio. Generan un lenguaje constructivo y visual que beneficia a todo ese trozo de ciudad.
Un edificio de marcado carácter y complejo programa, en el que abordan una interesante relación con el lugar. Marcan con claridad el acceso principal al recinto en la confluencia de las dos avenidas principales. La entrada se realiza a través de un plataforma elevada dos metros sobre la cota de la calle, a modo de podium, que sustenta piezas de diverso carácter que enfatizan, por sus cualidades materiales y volumétricas la presencia de un edificio de uso publico en un tejido básicamente residencial.
Una de estas piezas asume, por su mayor altura, la expresión a nivel urbano del conjunto. Contiene los usos estrictamente de gestión y representación de la entidad, y está acompañada de otros dos cuerpos mas bajos que colonizan y estructuran el resto de usos en la extensa parcela: salón de actos y edificio destinado a los usos mas públicos.
El uso de la luz será esencial en la configuración del espacio. Emplearán un “sistema de vestíbulos enlazados” que organiza el Proyecto en los que se percibe la presencia matizada de la luz natural a través de los distintos patios y los lucernarios, construyendo una red de miradas cruzadas entre las estancias para el trabajo.
El singular cromatismo del edificio –blanco, negro- que aportan los materiales constructivos usados ( la plataforma es de hormigón y piedra de Filita, ambos en tonalidad gris antracita, y los paneles de fachada son de hormigón blanco) singularizan el edificio en un entorno construido en el que dominan los ocres y amarillos en fachadas y las tejas cerámicas en cubiertas. Buscan la sencillez en la austeridad de los colores.
El espacio interior prolonga en parte esta filosofía pero por motivos diferentes. La luz natural trabaja bien derramada por paramentos blancos y es capturada por el suelo negro. Hacen nítidos los espacios que sin duda el propio uso los dotará de vida y colorido.
Un contenedor definido con registros escuetos y contundentes: Luz, Blanco y Negro.
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Siempre establezco como premisa indiscutible que la buena arquitectura ha de ser verdadera. Sin embargo sé, que no hay ningún método científico que nos permita verificar la dosis de verdad que hay en unos espacios construidos. Valga para ello la intuición y valga la vida misma para poder afirmarlo o desmentirlo. Si no vayan a verlo.

Granada 17 de noviembre de 2008

Jaime Vergara Muñoz