viernes, 5 de diciembre de 2008

Eduardo Jiménez y Yolanda Brasa

Publicado en Volúmenes nº 40. noviembre-diciembre 08
Pensamiento, diseño y construcción

Hace unos días sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias inauguraron en Granada dos obras singulares, la NUEVA SEDE DE LA CAMARA DE COMERCIO, INDUSTRIA Y NAVEGACIÓN y la ampliación del PARQUE DE LAS CIENCIAS. Los dos trabajos fueron realizados por el estudio Jiménez Brasa.
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Eduardo Jiménez y Yolanda Brasa son matrimonio en la vida real y pareja en lo profesional. Arquitectos por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Desarrollan su actividad profesional a través de JIMENEZ BRASA Arquitectos desde 2001, en Granada. Llegan cada mañana a su estudio de Calle San Antón en bicicleta. El lleva un ligero chubasquero y ella una sencilla mochila. Son puntuales, organizados y precisos. Ella marca el tiempo y él pone la intensidad. Él pone el entusiasmo y ella lo dota de realidad.
Trabajan en perfecta sintonía. Casi se podría decir que emplean un idioma propio, lleno de silencios, miradas, signos y tonos. Un lenguaje que solo ellos entienden. Quizá porque navegan juntos y, en el mar sobran las palabras.
Les gusta viajar porque han descubierto que la arquitectura es la gramática del mundo, la escritura sorda que el arquitecto percibe sobre el fondo ambiguo de las cosas. No se contentan con conocer. Tienen el espíritu de conquista de los grandes personajes que descubren nuevas tierras para poder cederlas a otros.
Poseen una profesionalidad que impresiona profundamente, por la coherencia de sus ideas y por el buen desarrollo de su trabajo. En cada obra ponen a prueba la fuerza de las ideas arquitectónicas defendiendo la unidad de sus propuestas. Testarudos en la exigencia de la calidad de los materiales y sensibles a la autocrítica. No saben estar ociosos. Son conscientes que el tiempo pronto será memoria y hay que vivirlo sin reservarse nada. Estudian, trabajan, investigan nuevos modos de crear espacios que puedan dar felicidad al hombre, sin negar la belleza.


La arquitectura de Jiménez-Brasa es estricta, correcta, medida, sugerente, en ocasiones mágica y, sobre todo es el resultado de 20 años trabajando sin otro interés, ni otra pasión, que la bondad arquitectónica. Usan un lenguaje arquitectónico mesurado, que hace que lo que es verdaderamente difícil parezca fácil. El premiado edificio de la Escuela de Gerencia es buena muestra de ello. Silencioso donde el ruido forma parte del entorno. Es agradable en sus formas y preciso en su programa. De impecable lógica geométrica y exacta definición funcional. Consiguen en este proyecto una inserción en la periferia de la ciudad que lo convierten en un verdadero hito mágico y abstracto, capaz de suscitar a la vez identificaciones emotivas y emociones estéticas.
Son muy exactos en sus explicaciones y claros en sus exposiciones, para nada barrocos. Encarnan la nuevas exigencias que la sociedad del siglo XXI plantearán a los arquitectos del mañana. Cabales en sus explicaciones, no necesitan recurrir a expresiones indescifrables que nos alejan de la realidad de la arquitectura; ni encarnan esa equivocada imagen del arquitecto bohemio que anda a la caza de imágenes y sentimientos. Creen en las horas del trabajo bien hecho y en el esfuerzo diario. Son veraces con sus clientes, con sus compromiso y con su tiempo.

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Parque de las Ciencias
La obra más conocida es la ampliación del Parque de las Ciencias. Resultado de un concurso abierto fallado en febrero de 2003 que gana el equipo formado por Carlos Ferrater Lambarri, Eduardo Jimenez Artacho y Yolanda Brasa Seco.
El proyecto plantea la construcción de una única cubierta con leves inflexiones, que se asemeja a una mano abierta bajo la que se alojan las diferentes piezas del programa - Macroscopio, Biodomo, Tecnoforo, Ciencias de la Salud, Al Andalus, auditorios y espacios para exposiciones temporales y permanentes- entrelazadas en un continuo espacial. Una "caja enigmática", como definen ellos mismo el proyecto, que se desvela sólo a medida que se recorre. Su silueta se corona con un sobrio perfil horizontal que recuerda el macizo mineral de Sierra Nevada sobre la tranquila ciudad de su entorno.
Se puede decir que esta 4ª ampliación del Parque de las Ciencias tiene carácter propio. Se aleja favorablemente de las otras piezas construidas para adoptar una discreta posición. Subordina la visibilidad de la arquitectura al protagonismo de la ciudad. Se agradece sin duda que no sea un proyecto locuaz como esas otras arquitecturas modernas tan de moda. Es correcto y adecuado.

El proyecto de 33.000 metros cuadrados construidos es más ciudad que edificio. Y no sólo porque su formidable escala pueda albergar el ajetreo multitudinario de los visitantes, sino porque proporciona espacios en los que moverse con gran libertad, total accesibilidad y continuidad. Descubrir, entre múltiples opciones, los posibles recorridos, transformará al usuario en ese sujeto, interesado y curioso, que asume un papel activo.
La organización espacial es completa. La idea de una "caja enigmática" despierta la curiosidad y muestra matizadamente su interior como una invitación a ser recorrida en prolongación con el espacio de la calle.

Un plano continuo plegado flota a diez metros de altura sustentado por la estructura de las grandes cajas principales del programa, definiendo en sus intersticios el gran espacio del vestíbulo, referencia permanente de los recorridos interiores y exteriores, subrayado por la luz rasante de las aberturas de fachada y enfatizado en el núcleo del edificio por la gran fisura acristalada que identifica el Parque a escala metropolitana.

La principal función de este vestíbulo será conducir y orientar al visitante en el conjunto; recibe los flujos desde la plaza de acceso y el espacio verde inmediato al río y los pone en relación con los grandes espacios abiertos ya en el interior del recinto: el Bosque de los sentidos y la plaza del Observatorio.

El vacio entre las piezas construidas del recinto se propone como un nuevo pabellón temático al aire libre que estructurado desde la idea del Bosque de los sentidos sirva de pieza de enlace entre todas las fases y contenidos del Parque. En la configuración de este "interior a la intemperie" cumple una importante función el Biodom, como la pieza que define una nueva fachada y recompone uno de los bordes más importantes de la parcela.

Piezas programáticas apropiadas intensifican en los bordes la porosidad del conjunto: minicines, cibercafé, ciberteca, áreas comerciales... se disponen en continuidad con la plataforma de espacio verde público que se constituye en vestíbulo de la galería cultural, desde la que también se puede ingresar en el Macroscopio y el resto del Parque. La accesibilidad es una premisa básica de todo el sistema de circulaciones.

El pabellón "Las ciencias en al-Andalus" contribuye, desde su clara identidad dentro del conjunto, a potenciar el carácter interactivo entre la ciudad y el Parque. La luz es el argumento que organiza los espacios. Cuatro patios ordenan el interior configurando una base flexible para la organización temática. Un espacio continuo y fragmentado a la vez que se aborda desde el vestíbulo del Macroscopio, como uno más de los pabellones temáticos, y que a la vez mantiene la posibilidad de un acceso directo desde los espacios libres en la fachada del río, en los que amplia sus zonas expositivas al aire libre.
Con este proyecto se entiende la filosofía de Jimenez-Brasa: un arquitectura con misión al mismo tiempo creativa y ética, comprometida con la enorme responsabilidad de participar en la configuración del entorno para el despliegue de nuestra vida nuestra y de las generaciones venideras.
Cámara de Comercio
Con esta obra vuelven a sorprender. Su razón de ser fundamental es cumplir eficientemente con el uso al que está destinado sin imposiciones urbanas. Mezclan circunstancias proyectuales y consiguen un magnifico resultado. Aportan riqueza al territorio. Generan un lenguaje constructivo y visual que beneficia a todo ese trozo de ciudad.
Un edificio de marcado carácter y complejo programa, en el que abordan una interesante relación con el lugar. Marcan con claridad el acceso principal al recinto en la confluencia de las dos avenidas principales. La entrada se realiza a través de un plataforma elevada dos metros sobre la cota de la calle, a modo de podium, que sustenta piezas de diverso carácter que enfatizan, por sus cualidades materiales y volumétricas la presencia de un edificio de uso publico en un tejido básicamente residencial.
Una de estas piezas asume, por su mayor altura, la expresión a nivel urbano del conjunto. Contiene los usos estrictamente de gestión y representación de la entidad, y está acompañada de otros dos cuerpos mas bajos que colonizan y estructuran el resto de usos en la extensa parcela: salón de actos y edificio destinado a los usos mas públicos.
El uso de la luz será esencial en la configuración del espacio. Emplearán un “sistema de vestíbulos enlazados” que organiza el Proyecto en los que se percibe la presencia matizada de la luz natural a través de los distintos patios y los lucernarios, construyendo una red de miradas cruzadas entre las estancias para el trabajo.
El singular cromatismo del edificio –blanco, negro- que aportan los materiales constructivos usados ( la plataforma es de hormigón y piedra de Filita, ambos en tonalidad gris antracita, y los paneles de fachada son de hormigón blanco) singularizan el edificio en un entorno construido en el que dominan los ocres y amarillos en fachadas y las tejas cerámicas en cubiertas. Buscan la sencillez en la austeridad de los colores.
El espacio interior prolonga en parte esta filosofía pero por motivos diferentes. La luz natural trabaja bien derramada por paramentos blancos y es capturada por el suelo negro. Hacen nítidos los espacios que sin duda el propio uso los dotará de vida y colorido.
Un contenedor definido con registros escuetos y contundentes: Luz, Blanco y Negro.
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Siempre establezco como premisa indiscutible que la buena arquitectura ha de ser verdadera. Sin embargo sé, que no hay ningún método científico que nos permita verificar la dosis de verdad que hay en unos espacios construidos. Valga para ello la intuición y valga la vida misma para poder afirmarlo o desmentirlo. Si no vayan a verlo.

Granada 17 de noviembre de 2008

Jaime Vergara Muñoz

domingo, 12 de octubre de 2008

Alberto Campo Baeza


Publicado en Volúmenes nº 39. septiembre-octubre 08

LA SENCILLEZ DE LO EXTRAORDINARIO

En estos días se termina la construcción de lo que será sin duda portada en las principales revistas y libros de arquitectura: el Centro Cultural Museo de la Memoria de Andalucía: el MA de Alberto Campo Baeza. Pero no es este reconocimiento nacional e internacional lo que nos ocupa, si no el regalo que la arquitectura de Campo Baeza deja en la ciudad de Granada con esta nueva obra.
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No cabe la menor duda que el regalo no tarda en llegar cuando el afecto surge entre dos personas. El Centro Cultural es la manera natural que Alberto Campo Baeza ha encontrado para sorprender gratamente a la ciudad de la que está enamorado. La relación entre Granada y Campo Baeza comenzó el verano de 1992, Entonces ganó el concurso entre más de 200 arquitectos con la que es hasta el momento la obra cumbre de su arquitectura, el edificio de Caja Granada (2001), una caja de hormigón, alabastro, vidrio y luz, considerado un poema de la luz y de la armonía; y luego el Centro Cultural que le fue encargado por Antonio Claret García en el 2005 y que se abrirá en el ya inminente 2009.


Campo Baeza ha concebido el conjunto como una unidad. El tiempo le ha dado la razón. Es un visionario coherente, más valorado hasta la fecha en el extranjero que en España. Ha completado un sueño que se anticipa a su tiempo, instalándose en una vanguardia permanente desde donde demuestra que es posible resumir la arquitectura en una idea limpia, esencial. Porque según sus palabras, “la arquitectura sin ideas no es nada. Sería solo pura forma. La arquitectura como toda labor de creación necesita una idea que la sustente. A mi me gusta hablar de la arquitectura como idea construida. Tan sencillo como eso”.

Construir y enseñar, difícil equilibrio

Muy volcado en la docencia es profesor de vocación. Impone un orden a su vida que le permite trabajar con constancia y dedicación. Catedrático de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de Madrid desde muy joven, aprendió de Alejandro de la Sota, Julio Cano Lasso, Javier Carvajal, Miguel Fisac y Sáenz de Oíza entre otros. Consigue un magnifico equilibrio entre el construir y el enseñar. Es continuamente reclamado para enseñar y dar conferencias en las principales escuelas de arquitectura del mundo. Ha visitado Nueva York, Milán, Londres, Zurich, Dublín, Nápoles, Buenos Aires, Lisboa, Venecia, Estocolmo, Munich, Boston, Chicago, Paris, Atenas, Pekín, Shangai etc. En sus conferencias, a diferencia de muchos otros arquitectos, lejos de hacer una mera descripción de sus obras, sorprende por una inusual fuerza expositiva. Genera ideas y las transmite con fuerza. Es certero en el análisis y ambicioso en el terreno de las propuestas. Los que trabajan con él reconocen su manifiesta pasión por su trabajo diario y le agradecen sobre todo su honestidad intelectual.

Es un arquitecto que conoce y saborea la poesía que hay en la prosa diaria, el esplendor de lo oculto y la profundidad de lo sencillo. Su arquitectura es su principal reflejo y nuestra ciudad lo sabe. Trabaja con Beethoven, piensa leyendo a Steiner y descansa con la pintura de Velazquez. Quizá sea este el motivo de su dedicación a la arquitectura, el querer tenerlo todo. Y da gracias a Dios de contínuo por todo lo que tiene y que, según él, no merece. Tiene la eterna novedad de las cosas verdaderas, y su arquitectura está esperando, al igual que la vida, que lleguemos a descubrirla. No acepta todos los proyectos que le encargan. Sabe que no suele dejar huella el que camina mucho sino el que pisa hondo. ¿Es habitual encontrar un profesional tan dueño de todo lo que hace? Ante un nuevo encargo el proceso creativo lo inicia en la soledad de su estudio, con silencio, intentando embalsar cada atisbo de idea que -a modo de chispa- pueda desencadenar esa gran explosión creadora. Se puede decir que sus principios son siempre carencia antes que plenitud, y una vez concluido el acto de creación, experimenta una soledad aún mayor, ya que la idea se escapa de su autor y deja de pertenecerle cuando es construida.
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Hasta el último detalle
El Nuevo Centro Cultural de Caja Granada es un complejo en el que no existen jerarquías, todo tiene el mismo valor. Es una muestra más de esa arquitectura esencial de idea, luz y espacio. De idea construida, materializada en espacios esenciales iluminados por la luz. Un arquitectura que tiene en la idea su origen, en la luz su primer material, en el espacio esencial la voluntad de conseguir el “más con menos”.
Alberto Campo Baeza entiende la arquitectura como algo tangible, que percibimos, como un fenómeno, y trata de dar a todos sus ingredientes la misma importancia: así es como se hará posible su condición global y unitaria. En éste último ejercicio nos regala una obra que no deja lugar para el descanso. Nuestra mirada queda atrapada por multitud de detalles a los que prestó atención y que nuestros ojos forzosamente descubren.
Perceptible y sensitiva es su arquitectura en Granada. Por un lado nos encontramos la pieza cúbica, el cubo de Caja Granada, concebida como un “impluvium de luz” con una generosa iluminación cenital. Una caja estereotómica abarcante de hormigón y piedra que atrapa la luz del sol en su interior para servir a una caja tectónica, sobre un potente basamento. Un espacio diagonal atravesado por la luz diagonal. Al otro lado el Centro Cultural, una gran caja horizontal de hormigón cuya altura coincide con la base de la sede central de Caja Granada, y con un patio elíptico que distribuye las circulaciones interiores del edificio, presidido por una fascinante rampa que se está montando en estos días. Termina en su fachada oeste con una gran pantalla que actúa como “Puerta de la Cultura”. Como si de una nueva puerta de la ciudad se tratara.
En definitiva, Campo Baeza modela el espacio. Lo cincela con la luz. Aprovecha la proximidad entre los dos edificios para generar tensiones en el vacío. Patente es el narcisismo de los volúmenes con el doble juego de miradas. Vuelve a ese lenguaje de la lucha de contrarios. No se entendería el horadado edificio de Caja Granada sin el cercano Centro Cultural con su densa pantalla vertical. Es un hábil juego entre volúmenes y proporciones. Es un proyecto en el que se maneja la luz y la desproporción justa para provocar sensaciones especiales, manejando las escalas para poner la obra al servicio de la persona.
Termino estas líneas cuando aún no se recoge en ninguna otra publicación lo que será sin duda un verdadero acontecimiento arquitectónico, la inauguración del Centro Cultural Memoria de Andalucía. Lo hago a conciencia, porque es en la distancia, cuando todavía se puede escuchar el verdadero silencio de los sonidos.

En el estudio de Campo Baeza
Hace unos días visité a Campo Baeza en su estudio. Quería conocer al autor de la Caja General de Granada y del nuevo Centro Cultural – Museo de la Memoria de Andalucía-. Llegué al final de la tarde y me recibió con amabilidad. Quiso presentarme a sus colaboradores. Dió a cada uno un protagonismo básicamente profesional. Puede que sea este exquisito trato hacia sus compañeros de trabajo lo que le sitúan en el camino correcto que le lleva al continuo éxito en sus relaciones sociales.
Hablamos sin prisas. En todo ese tiempo encontré sin más a una persona que, por llevar mucho dentro, no precisa recurrir en exceso a lo de fuera. Es preciso en sus palabras porque es preciso en sus ideas. Opta por lo sencillo y escueto. No es minimalista, sino que tiene sin más la elegancia de lo poco. Cuando recibe visitas todo lo fía a la atención personal, a la conversación delicada y a la atención en el trato, sin cargar la mano en nada que sobre.
Es un buen conversador porque sabe escuchar. Empezamos hablando de Granada y terminamos recordando los motivos por los que nuestro tiempo es sólo entretiempo entre dos trozos de eternidad.
Jaime Vergara Muñoz


martes, 26 de agosto de 2008

Antonio Jimenez Torrecillas


Publicado en Volúmenes nº 38. julio-agosto 08

Mientras en Zaragoza SS.MM los Reyes inauguraban la Exposición de Zaragoza, 738 km al sur se le comunicaba al arquitecto granadino Antonio Jiménez Torrecillas, que había recibido un nuevo premio por la reciente intervención en la tienda DAL BAT SHOWROOM de Granada. Esta coincidencia estaría de más si no fuera porque de nuevo “David” ha sido capaz de imponerse a un mediático y ruidoso “Goliat”.


Siempre resulta difícil comenzar un artículo. Y más si se trata de hablar de la obra de alguien que le gustaría pasar inadvertido, para que la arquitectura cobre protagonismo. Un hombre que no pretende enseñar nada y que sin embargo nos puede legar su actitud: un modo personalísimo de enfrentarse a cada proyecto, con el convencimiento de que el valor de su trabajo no reside en el juicio popular sino, en el servicio que presta su obra desde la honradez y la belleza.



Cuando un arquitecto se puede permitir elegir a sus clientes, se puede también permitir desconcertar a la crítica. Así lo demostró Jiménez Torrecilla cuando en 2002 se le encargó que interviniera en la muralla nazarí del Alto Albaicín en Granada. Un trabajo en el que consigue minimizar las pretensiones gestuales de su obra hasta permitir a la naturaleza formar parte de ella. Nos muestra lo que hasta ahora viene siendo su arquitectura, proyectos tranquilos de inusual belleza, basados en el orden, la construcción y la claridad. Intercambia con exactitud el instante por el milímetro recuperando el valor del tiempo en su arquitectura. De este modo consigue hacer perdurable su obra. No se deforma con el transcurso de los años porque los trascendentales de la materia prima con la que trabaja son imperecederos. Consigue, sin más, que las ideas de sus proyectos sean entrañablemente vividas, con la misma intensidad con que el mismo las concibió, un buen día en su estudio.

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Jiménez Torrecillas nace en 1962. Tiene predilección por esta tierra y por sus costumbres. Como él dirá “Vivo en el mundo, pero cada noche duermo en Granada”. De mirada atenta. Escucha sin prisas la sonoridad de las palabras. La música forma parte de su conversación porque ha sido antes parte de su ocio y de su vida. Como si de un magistral director de orquesta se tratara consigue medir los tiempos de nuestra conversación traduciéndolos en los cuatro movimientos de la sinfonía: El allegro de los veranos de la Resinera, un cortijo de las Sierra Granadina donde desarrolló ese mundo interior tan sensible a la contemplación, una profunda admiración de la realidad exterior y un especial conocimiento de los propios misterios de la naturaleza; los cantábile de los estudios de Arquitectura en Sevilla, en dónde fraguó su profunda vocación docente; el vivace de los viajes por Oriente como primera experiencia brusca con lo desconocido; y el andante moderato de su comienzo profesional.


Antonio es el mayor de cuatro hermanos. Es la punta de lanza. Lleva en su vida lo que recibió en su infancia. Por eso trabaja con la cercanía del retrato de su madre, Pilar. Fallecida hace unos años y de la que se reconoce deudor. Estas líneas podrían escribirse como señal de reconocimiento público a una brillante y desconocida trayectoria de la persona que probablemente más ha influido en la figura de este arquitecto granadino.

Su interés por la docencia le asalta al descubrir que todos los hombres son arquitectos, pero que de algunos, solo unos cuantos, persisten en serlo, y la mayoría lo olvida. Su compromiso está en descubrir voluntades, despertar aptitudes y desarrollar talentos. Anima a cada alumno dedicándole el tiempo que necesiten. Sabe ver lo positivo y encuentra en cada problema una ocasión de mejora. Los que han trabajado con él, agradecen esa fuerza con la que empuja siempre con emoción inesperada. Hace que el trabajo de sus alumnos pueda casi alcanzar la realidad construida. Prefiere el riesgo del experimento y el peligro de la incomprensión a la parálisis de la duda. Es profesor de proyectos en la Escuela de Arquitectura de Granada que compagina con la condición de profesor invitado en Universidades de Asia, Europa y América.


Está convencido que en nuestra tierra se brindan, hoy por hoy, las condiciones perfectas para un desarrollo inteligente y valioso. El crecimiento económico que en la actualidad disfrutamos se suma a la gran riqueza cultural y social que atesoramos. En un lugar históricamente pobre como Andalucía, la “baja tecnología” ha agudizado el ingenio de nuestro pueblo. Estas circunstancias sitúan a Jiménez Torrecillas en una posición de aportación y creación ventajosa. Hace de estas circunstancias el mayor acierto de su arquitectura: una magnifica coordinación del proceso arquitectónico; un realismo económico que reconcilia presupuestos, plazos y programa ; y una creatividad arquitectónica que recuerda que la arquitectura es un arte, pero un arte con razón de necesidad.


Ya en su primera obra construida, Centro José Guerrero, Granada, 1991-2000, se nos develan sus intereses y las actitudes del arquitecto. Emplea una geometría precisa, provoca unos detalles exquisitos y consigue espacios luminosos fruto de meditadas decisiones visuales. Como aparece en la memoria del proyecto, “Se articula a través de la idea del recorrido como leit motiv de la función museística, a la vez que ahonda en el tema arquitectónico ya esbozado en el antiguo edificio: el exterior se abre a la calle y el interior se vuelca sobre sí mismo y genera un espacio favorable a la contemplación estética”. Con este primer trabajo se inicia el reconocimiento publico de su obra. Se le concede el Premio a la Mejor Intervención en el Patrimonio Histórico (2002). Desde entonces casi todo su trabajo recibe el aplauso de la crítica. Siendo sin duda el proyecto de la Muralla Nazarí el que más premios recibe, internacionales (X Premio Internazionale Architettura in Pietra, Verona 2007, Premio International Cappochin Biennal Architecture Padua 2007, Premio Arquitectura Piedra 2006, Premio FAD Socis Arquinfad 2006, Finalista IV European Prize for Urban Public Space 2006, Seleccionado Premio Mies Van der Rohe 2007) y nacionales (Premio de Arquitectura Española a la mejor intervención en el Patrimonio Histórico Nacional 2005-2007, IX Bienal De Arquitectura Española 2007).


En cada proyecto siente el peso de las obligaciones que para los demás tiene como arquitecto. Se alimenta de lo cotidiano, de las costumbres sencillas del día a día. Actúa como médium cualificado entre promotores y constructores detectando la realidad de las personas y traduciéndolo al lenguaje imperecedero de la arquitectura. Con las Viviendas Sociales en Molvízar, Granada, recupera el valor de lo ordinario en la arquitectura. Consigue un perfecto equilibrio entre las condiciones exteriores, culturales y las intrínsecas del lenguaje arquitectónico moderno, siendo probablemente ésta síntesis, la aportación mas interesante de este proyecto.


Sé que este breve recorrido por el trabajo de Antonio Jiménez Torrecillas es insuficiente para conocer su obra. Pero sirve quizá, para aproximarnos a un arquitecto que demuestra con su trabajo diario la existencia de arquitecturas que, aun estando al margen de la realidad mediática, pueden provocar discursos capaces de hacer tambalear cualquier otra arquitectura de simple impacto escenográfico. Un auténtico David frente a un poderoso Goliat.

Jaime Vergara Muñoz. Arquitecto.

domingo, 13 de abril de 2008

Alejandro Muñoz Miranda

Revista VOLUMENES nº 36 marzo- abril 08

En una carta de Felipe II a su arquitecto Juan de Herrera le decía: “Sobre todo no olvides lo que te he dicho: simplicidad de formas, severidad en el conjunto, nobleza sin arrogancia, majestad sin ostentación”. Un texto conciso pero cargado de sentido práctico que da luces y traza unas líneas de avance perfectamente claras para cualquier proyecto de arquitectura y que describe lo que podría ser todo el trabajo de este joven arquitecto granadino.

Alejandro Muñoz Miranda nació en Granada en 1974. De trato sencillo. Alegre. Apasionado por la arquitectura desde muy joven. Trabajador incansable. Exigente con su trabajo que desciende hasta la escala más pequeña para dar sentido a toda su obra. Reflexivo. No copia, interpreta y elabora un estilo propio que parece haber existido siempre. Su obra -citando a Henry Matisse- aparece fecunda y dotada de vibración interior, de esa misma belleza estremecida que poseen las obras de la naturaleza. Elabora una arquitectura construida sobre principios generales que duran siempre. No depende para la existencia de sus proyectos, de las costumbres, los hábitos particulares o las fluctuaciones de la moda. Tiene ideas propias.

Forma parte de la primera promoción de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada, obtuvo el mejor expediente académico de su promoción. En esa misma promoción de jóvenes arquitectos coincidieron Juan Manuel Nicás, Ana Almagro, Antonio Redondo, Loreto Spa, Federico Justicia, Juan Luis Rivas, Juan Manuel Rodríguez, Antonio Trujillo, Alfredo Garrido, Antonio Martínez y otros muchos de los que bien me gustaría escribir otro día.

Teníamos en común el gusto por el trabajo bien hecho, la pasión por la reflexión y el pensamiento, la atracción por las humanidades. Sin miedo al esfuerzo fueron años intensos. De mucho trabajo por tratarse de una escuela nueva, dirigida por Javier Gallego y con un profesorado muy exigente preocupado hasta el más pequeño detalle de la formación de esa primera hornada de jóvenes arquitectos. Continúa...



En 1999 recibió el Primer Premio Nacional de Fin de Carrera de Educación Universitaria en los estudios de Arquitectura otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Realizó un magnifico y audaz proyecto desarrollando un Centro Cívico Administrativo e Intercambiador de Transportes del Area Metropolitana de Granada con el que además obtuvo la calificación de Matricula de Honor.

Desde junio de 2002 hasta enero de 2004 se trasladó a Nueva York para desarrollar su tesis doctoral bajo la tutela del profesor Kenneth Frampton en Columbia University, con el apoyo de una Beca de Investigación y Formación de Profesorado Universitario del Ministerio de Educación. Desde allí sigue muy en contacto con su compañeros de escuela con los que mantiene correspondencia colaborando en discusiones arquitectónicas sobre temas urbanísticos, de ordenamiento general del territorio y desarrollo de nuevos métodos constructivos. Son especialmente interesantes las reflexiones sobre los distintos modos arquitectónicos que se desarrollan en España en todos estos años del “boom” inmobiliario. Es consciente que la razón en soledad no puede dar soluciones eficaces, descomprometidas de las necesidades del hombre y se implica con sus compañeros de promoción en este trabajo de reflexión consciente de la necesidad de trabajar juntos para sumar eficacias y capacidades.

Durante este periodo de formación en el extranjero se sumerge en el estudio de las formas y los materiales. Proyecta elementos urbanos, mobiliario, le encargan escenografía para teatros, diseña publicaciones y proyecta distintos stands para ferias y eventos de todo tipo. En este primer periodo de investigación dedicó buena parte de su tiempo al metal y la geometría. Este trabajo da origen a distintas esculturas en acero que, junto con Jose Manuel Darro, exhibirá en exposiciones como la titulada “Esculturas 8.8” en el círculo de Bellas Artes en marzo de 2004. También realiza esculturas urbanas como el “Granado Fractal” en acero corten que está situado en la rotonda Fernando de los Rios de Granada.

Ha participado en numerosos concursos y a cada uno de sus proyectos consigue dotarlos de elementos propios y singulares con los que consigue particularizar cada trabajo. Evita la frivolidad a la que estamos acostumbrados en los concursos, la obstinación del capricho, la presunción y la falta de mesura. Se centra en la elegancia que satisface la necesidad y asegura la comodidad del proyecto. Piensa en las personas y se anticipa a sus necesidades. Su creación arquitectónica se caracteriza por la atención a lo que la gente necesita; lo que realmente se desea. Desde esta base se esfuerza en la solución más bella y eficaz que pueda darle. Destacan entro otros los trabajos que realiza para concursos como el Museo New Tohimiro de Japón; una vivienda unifamiliar aislada en Vista Alegre; dos viviendas unifamiliares aisladas en el Toyo de Almería; varios trabajos de vivienda de VPO o la participación en el concurso del Campus de la Justicia de Madrid con el edificio de lo Contencioso Administrativo.

Entre los últimos trabajos construidos se pueden destacar la Sede de la Confederación Granadina de Empresarios, la Nueva Sede de las Centrales Sindicales de U.G.T y CC.OO. en Granada, la Rehabilitación de la Gran Vía de Colón, el Centro Municipal Infantil en el Chaparral, un edificio de viviendas junto a la estacion de Renfe de Granada y una vivienda en el Barranco del Abogado, también en Granada. Todos estos inmuebles son, sin duda, un perfecto ejemplo de su preocupación por la arquitectura como arte, pero arte con razón de necesidad en el que da al hombre los espacios que necesita para vivir feliz sin negar la belleza que aun sin saberlo necesita.

Recientemente ha sido seleccionado para la exposición de Jóvenes Arquitectos de España, organizada por el Ministerio de Vivienda y actualmente imparte clases de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada.

Muñoz Miranda vive en Granada, está casado y tiene dos hijos. Hace compatible familia y profesión y está comprometido muy decididamente con esta ciudad que le exige la difícil tarea de dar respuestas eficaces a problemas nuevos desde la belleza de su creación arquitectónica.

Jaime Vergara Muñoz


martes, 1 de abril de 2008

ARQUITECTURA DE OPINION


Publicado en la Revista VOLUMENES nº 29 [noviembre-diciembre 06]

Es frecuente que la arquitectura se convierta en motivo de discusión cuando el arquitecto no consigue que su obra pase inadvertida. La polémica está servida si entre los ingredientes arrojadizos están los intereses políticos o urbanísticos.

Granada sin ser ciudad de grandes estridencias, se ha convertido de un tiempo a esta parte, en un motor de aceleración de lo que llamaremos “arquitecturas de opinión”. Esto es, obra construida capaz de generar opiniones contrarias y suficientemente distorsionadoras como para justificar una demolición.

Sin esforzar demasiado la memoria, recordamos la intervención en las Torres de Neptuno, la muralla de San Miguel o la remodelación de la Gran Vía y la Constitución. Antes asistimos a la polémica edificación del rey Chico donde decenas de colectivos sociales de nuestra ciudad expresaron su opinión sobre un edificio que alberga ahora el centro de exposiciones para jóvenes. El edificio de la Chumbera y el edificio Zaida han sido también objeto de debate y polémica en Granada.

En todas estas intervenciones se manifiesta -unas veces con más fortuna que otras- el trabajo de unos profesionales que emplean la arquitectura como un lenguaje en el que las formas expresan ideas que mejoran la ciudad. Estas ideas pueden ser propias o aprendidas; fácilmente reconocibles o ligeramente veladas; permanentes o caducas. Eso sí, siempre son fruto de una respuesta generada desde la propia ciudad y no, una imposición mayoritaria de sus ciudadanos.

La arquitectura necesita tiempo porque no es un objetivo en si, sino un elemento a descubrir que reclama que la observen con paciencia. Sin ese tiempo necesario para una correcta valoración se caerá con facilidad en la crítica simple de quien explica a otro cosas que uno mismo no pudo hacer. Continúa...



Los periodos de cuatro años que duran las legislaturas municipales precipitan las opiniones y se constituyen en auténticos caldos de cultivo de sentencias deslegitimadoras. Sin embargo, no todas las opiniones deben ser siempre tenidas en cuenta porque no todas son siempre legítimas. ¿Y en arquitectura?, en arquitectura tampoco.

Puedo entender la dependencia que los políticos tienen de los ciudadanos, de esas opiniones que luego se vierten en votos. También la necesidad de contentar a una mayoría que no siempre tiene porqué entender el alcance de una edificación, el lenguaje que ha utilizado el arquitecto y la proyección que pueda tener en el futuro. Puedo entenderlo, pero no debo compartirlo. Existe una completa normativa de rango local y regional que marca los límites de la actuación de los arquitectos, de los promotores y de los propios equipos de gobierno que, cada cuatro años, desempeñan la labor de gobierno en el Palacio de la Plaza del Carmen. Esa normativa nos compromete a todos, también a los ciudadanos que, antes de la aprobación de un Plan General pueden opinar sobre su contenido, su desarrollo... y de hecho lo hacen. Esas opiniones deben ser tenidas en cuenta por los legisladores. En ese momento y en esas circunstancias.


Hoy día las prisas siguen siendo enemigas del buen hacer y cada vez es más frecuente que la espera en el juicio se interprete como una limitación o un simple vacío de poder. Por eso se reclaman continuos pronunciamientos sobre intervenciones que a pesar de estar finalizadas, aún están incompletas. Me explico. Una intervención en un espacio público está condicionado por una expectativa del desarrollo futuro de otros elementos. Una valoración inmediata sería incompleta y dispararía opiniones sin más ciencia que la precipitación. Es muy probable que ese espacio público tenga la virtud de no ser un elemento exento si no que dialoga con distintos fragmentos de ciudad muchos de los cuales aún no están completamente definidos. Esta capacidad de crear ciudad será una virtud que difícilmente podrán leer los que no sepan esperar porque sólo desde el paso del tiempo puede ser eficaz su tratamiento.

Poner ejemplos es siempre una empresa arriesgada. De todas formas ¿quién cuestiona hoy el carmen de Rodríguez Acosta o el hotel Alhambra Palace? Ha sido necesario el paso del tiempo, la perspectiva para entender el alcance de unas edificaciones claves para entender nuestra actual configuración urbana. El paso del tiempo ha sido definitivo en ese sentido. Como también la genialidad de quienes proyectaron esos monumentos y la valentía de quienes decidieron apostar por una ciudad que merece lo mejor. También en arquitectura.

Jaime Vergara Muñoz. Arquitecto
18 de septiembre de 2006

sábado, 29 de marzo de 2008

NATURALEZA EMBOTELLADA


Publicado en la Revista VOLUMENES 31 [marzo abril 07 ]

LA GESTIÓN Y LA RECUPERACIÓN DE LOS JARDINES DE LA CIUDAD SE ESTÁ EMPLEANDO POR LAS FUERZAS POLÍTICAS PARA PROTAGONIZAR UN CONSTANTE ENFRENTAMIENTO. LOS CRITERIOS DE CONSERVACIÓN CHOCAN Y, AL FINAL, MIENTRAS PRIMAN LOS INTERESES POLÍTICOS, SUFREN LOS JARDINES HISTÓRICOS Y LA CIUDAD

Está de moda lo natural. Proliferan las tiendas de dietética y herboristería; la homeopatía gana adeptos y, en la misma línea, sube puntos la cosmética natural y los alimentos orgánicos. Probablemente sea la respuesta de una sociedad urbanizada, que busca en lo natural una salida de emergencia a la tensión del día a día.

La moda es un juego y, como tal hay que aceptarla. Sin embargo no hay que dejarse llevar por los extremos, aunque se llamen naturales. Un desordenado amor a la variación lleva consigo el peligro de lo cursi, del esnobismo o de la congelación de los sentidos.

Recientemente se ha puesto de moda en Granada cierto ecologismo político que paraliza cualquier intervención arquitectónica por considerarla de entrada contraria a la salud ecológica de la ciudad. Olvidan quizá que el amor al mundo del que hacen gala se manifiesta en el cuidado de lo menudo, en un realismo y sentido práctico que debe ser atención delicada a cualquier profesional que pretende con su trabajo mejorar lo presente.

Ciertamente Granada tiene una rica y variada cultura paisajística. Sus jardines atraen desde muy antiguo a músicos, poetas y pintores que realizaron un magnifico trabajo en cada una de sus realizaciones de las que ahora disfrutamos. Sin pretender citar a todos, hay jardines conventuales; huertos en Iglesias ruinosas; jardines románticos y jardines luminosos en buen número de cármenes; algún que otro jardín del siglo XIX en plaza pública que desafortunadamente reciben el apodo de jardín municipal y por supuesto los jardines de la Alambra y del Generalife que figuran entre los más alabados del mundo. Continúa...


Produce cierta resistencia tener que llamar al jardín granadino, zona verde. Al que resulta muy complicado justificar su presencia hablando sin más que del porcentaje de metros cuadros que debe existir por unidad familiar. No es necesario justificar la conservación o fomento de esta naturaleza embotellada, argumentando razones estéticas, educativas, científicas o ecológicas. Es mejor crear la necesidad de su existencia articulando aquella poesía que sola, penetra en la profunda realidad del mundo de los hombres. Batalla perdida con los políticos de hoy.

El crecimiento y desarrollo urbano de la ciudad ha ido conformando distintas tipologías de zonas ajardinadas unas mas acertadas que otras. Todas ellas se vieron condicionadas por esquemas urbanísticos que superponen -sin más criterio que la voluntad política- distintos modos de entender ese trozo de naturaleza. No es fácil armonizar ajardinamientos que, en muchos casos determinan estilos o responden a su época, con un urbanismo que dé respuesta a las actuales forma de vida. Pero por eso se debe dejar a los profesionales que fuera de esquemas políticos adecuen progresivamente la ciudad a los nuevos tiempos. Una correcta intervención arquitectónica realza y completa las zonas ajardinadas de la ciudad.

Las recientes intervenciones urbanísticas y arquitectónicas en la ciudad, han tenido muy en cuenta este rico patrimonio paisajístico intentando poner al servicio del ciudadano unos accesos y recorridos adecuados al aprovechamiento de esta cualidad de la ciudad. Una política inadecuada sería la de extremar el conservadurismo por el simple motivo de querer mantener lo añejo sin más valor que el triunfo de haber sobrevivido al pasar de los años. Tender la mirada atrás y pretender perpetuar esas imágenes es respetable, siempre y cuando no se descalifique lo que de actual tiene la vida.

Cuando la vista tropieza únicamente con cosas confeccionadas por el hombre es fácil olvidar lo que somos. Por eso la huida al campo y a la playa de los fines de semana no es un fenómeno que responde a criterios arbitrarios, es más bien una llamada a los silencios necesarios que nos reafirman como seres humanos, y no descargan aunque sólo sea por unas horas, de tanto peso inútil que la ciudad arroja sobre nuestras espaldas.

La ciudad de Granada es conocedora de esta necesidad del hombre de escuchar sus silencios. Por eso reacciona con un rico patrimonio de jardines de acceso público que reparte en tres instituciones principales el Ayuntamiento, el Patronato de la Alambra y la Universidad. Así tenemos como jardines considerados de interés: los correspondientes al recinto monumental de la Alambra (Generalife, Bosque de la Alambra, Campo de los Mártires); los incluidos en los ámbitos de los Planes Especiales de Protección (Alambra, Albayzín y San Matías) y reconocidos como tales por el mismo; los jardines del Cuarto Real de Santo Domingo; los Jardinillos, en el Paseo de la Bomba; junto al Río Genil; el Jardín Botánico y la Rosaleda del Parque Federico García Lorca. Además de aquellos jardines que se relacionan como elementos protegidos vinculados a alguno de los edificios catalogados por el PGOU o alguno de los Planes Especiales de Protección vigentes.

Cada una de estas instituciones tiene una política de mantenimiento y conservación distinta, pero no por eso habrá que temer males mayores. Hasta ahora gracias a las constantes y calladas intervenciones de conservación podemos disfrutarlos sin más preocupación que la de valorar lo que se nos regala. Quiza y aunque la superficie útil de jardines que se nos ofrece sea relativamente generosa, lo único que delimita ese aprovechamiento es desde el punto de vista del ciudadano, que quedan algo más restringidas por los distintos horarios de visitas. Habrá que solucionarlo.

Como desde la discrepancia no es posible diseñar un proyecto común, no es un exceso recordar que se deberían unificar criterios de conservación, que embellezcan y hagan más grata la ciudad sin que tengan que estar necesariamente marcados por beneficios electorales.

Solo cuando se coincide en algo ya se puede emprender la tarea de ponerse de acuerdo.

Jaime Vergara Muñoz. Arquitecto

viernes, 28 de marzo de 2008

GRANADA, 10 ACTUACIONES REPRESENTATIVAS


Publicado en la Revista VOLUMENES nº 28 [septiembre-octubre 06]


Durante las últimas décadas en Granada han ido quedando marcadas huellas de la arquitectura contemporánea, unas marcas destacables que se han grabado en la ciudad gracias a los diseños de algunos arquitectos granadinos y también por la ejecución de proyectos elaborados en estudios afincados en otras partes de España o del resto del mundo.

Muchas de esas edificaciones han obtenido premios por su innovación y diseño pero, sin embargo, la ciudad se ha convertido en un lugar difícil para el desarrollo de ese tipo de proyectos innovadores por las frecuentes críticas y agrios debates públicos que se generan cada vez que se afronta un proyecto de cierta envergadura con propuestas novedosas que recogen las tendencias arquitectónicas que se van desarrollando en otras partes del mundo. A pesar de todos esos problemas la ciudad no ha sido ajena al desarrollo de edificios que siguen las nuevas tendencias contemporáneas y que incluso aportan nuevos planteamientos que sirven de referencia en otros lugares.

En este artículo nos atrevemos a elaborar un catálogo de diez actuaciones representativas que pueden servir de ejemplo. No se trata de una selección exhaustiva, ni se cierra con ella el abanico de edificios emblemáticos que se han construido en la ciudad en los últimos años. Tampoco es significativo el orden en el que se presentan sino que se ha buscado completar intervenciones de todo tipo, desde sedes administrativas a complejos industriales pasando por bloques residenciales y rehabilitaciones históricas. Continúa...




SEDE DE CAJAGRANADA
Alberto Campo Baeza
Es sin duda uno de los edificios más laureados de los que se han construido en Granada durante los últimos años. En 2002 recibió el premio Veteco, en 2003 el Premio COAAO y en 2004 los premios Torroja y A.I.T. Best of Europe. El volumen semicúbico que alberga las oficinas sobre el basamento pétreo tiene su centro de gravedad en el gran atrio interior: un "impluvium de luz" que sirvió de lema a la propuesta
de concurso y que de forma sucinta resume los argumentos recurrentes de Campo Baeza: la introspección espacial, la referencia abstracta a ciertos elementos de la arquitectura clásica y el uso escenográfico de la iluminación natural. A este edificio se añade ahora el Museo Memoria de Andalucía que se está construyendo en los aledaños y que está concebido como una continuación de la sede financiera que complementa la obra inicial. Esa extensión del "Cubo" de CajaGranada, será también referencia internacional. El reconocimiento por parte de las más elevadas instancias de la cultura
arquitectónica no ha eximido a Campo Baeza de muchas críticas en Granada por el impacto que supone el edificio.

AUDITORIO MANUEL DE FALLA
José María García Paredes
El arquitecto sevillano, ya fallecido, estuvo arraigado en Granada, donde construyó varios edificios pero el más importante es el Centro Cultural- Auditorio Manuel de Falla. El edificio está situado en el entorno de la Alhambra y fue construido hace 25 años. Está declarado Bien de Interés Cultural y constituye un ejemplo de cómo se puede actuar en un entorno histórico aportando nuevos valores y mayor riqueza arquitectónica. Uno de los factores que ahora se plantea es la recuperación del entorno del auditorio, que necesita una reforma para actualizar las instalaciones, que exige un proyecto integral que conserve el espíritu del autor del proyecto y que mantenga el criterio cultural y espacial de este edificio.


PALACIO DE CONGRESOS Y EXPOSICIONES DE GRANADA
Juan Daniel Fullaondo
Fullaondo es uno de los grandes arquitectos bilbaínos del siglo XX y cuenta con muchos discípulos que se han formado en tierras vascas. El Palacio de Congresos de Granada es una de sus obras emblemáticas y su atractivo diseño ha sido reconocido en numerosas ocasiones. Las proporciones del recinto y su orientación están estudiadas con detalle para enmarcar las diferentes panorámicas que desde
la privilegiada ubicación del inmueble, en pleno Paseo del Violón, se pueden observar tanto de la Alhambra como de Sierra Nevada. Precisamente el cuidadoso diseños de las dimensiones ha vuelta a
marcado la tónica del debate cuando se ha empezado a plantear la necesidad de ampliar el Palacio, una posibilidad muy compleja porque cualquier elevación rompería esas proporciones. En su momento también el Palacio de Congresos fue criticado por su diseño y por los materiales que se emplearon para su construcción.


TORRES DE NEPTUNO
Carlos Quintanilla
Se trata de dos edificios residenciales de reciente construcción. El proyecto original preveía que fueran más altos pero la fuerte polémica que se suscitó una vez que se dio a conocer el diseño de las nuevas torres provocó que el Ayuntamiento rectificara los permisos y obligara a rebajar las alturas. Las dos
torres se completan con un patio central y una zona deportiva que abarca el resto de la manzana. El arquitecto granadino Carlos Quintanilla ha desarrollado otros muchos proyectos residenciales en la ciudad y en estos momentos tiene entre manos el diseño de la ampliación del Palacio Municipal de Deportes. En esa misma zona diseñó el primer proyecto de teleférico para conectar la ciudad con Sierra Nevada.


EDIFICIO ZAIDA
Álvaro Siza Vieira
Álvaro Siza no necesita presentación. Se trata de un arquitecto de reconocido prestigio internacional que ha diseñado edificios en decenas de países. Con el edificio Zaida obtuvo el premio "García de Paredes" que concede el Colegio de Arquitectos de Granada. Antes de empezar la construcción del edificio en la Carrera de la Virgen hubo que soportar seis años de discusiones infructuosas entre los propietarios de los edificios contiguos al viejo hotel Zaida, e incluso de cierta resistencia municipal a edificar en el centro de Granada un inmueble de diseño moderno. En 1999 pudieron comenzar las obras de un inmueble que Álvaro Siza había diseñado varios años antes.


ESCUELA INTERNACIONAL DE GERENCIA
Eduardo Jiménez Artacho y Yolanda Brasa Seco
La Escuela Internacional de Gerencia es una de las últimas obras desarrolladas en Granada por los arquitectos Eduardo Jiménez Artacho y Yolanda Brasa Seco. El edificio del centro docente obtuvo una nominación en 2005 para el premio García de Paredes a la mejor obra nueva a la Escuela Internacional de Gerencia. La pareja de arquitectos condensa en esa obra muchas de las aportaciones que ya habían oportado en otras obras como la sede de la Caja Rural, el centro de innovación educativa Alquería o el Carmen de los Neveros. Además cuentan en estos momentos con dos proyectos muy ambiciosos también en Granada: la ampliación del Parque de las Ciencias y la nueva Sede de la Cámara de Comercio.


RESTAURACIÓN BASÍLICA DE LAS ANGUSTIAS
Elisa Valero
También en el ámbito de la rehabilitación se han afrontado proyectos de gran envergadura en Granada que sirven como punto de referencia para arquitectos de todo el mundo. En los últimos años se ha afrontado la restauración y rehabilitación de la Basílica de la Virgen de las Angustias por parte de la arquitecto Elisa Valero Ramos que ha llevado consigo un delicado proceso de restauración de la iglesia para respetar materiales ya existentes, cuidar el tratamiento de la luz, y destacar el valor de materiales no visibles o evidentes que han resultado ser instrumentos esenciales del proyecto.
La arquitecto Valero Ramos demuestra la importancia de hacer otro tipo de arquitectura, también complejo, y que no deja de ser actual por la creciente necesidad de recuperar espacios históricos. Además Elisa Valero fue galardonada en el Concurso de Vivienda Singular que convoca en Consejo Superior de los Arquitectos de España por el diseño de una casa bioclimática en el casco histórico de la ciudad.


MUSEO JOSÉ GUERRERO
Antonio Jiménez Torrecillas
El museo José Guerrero fue inaugurado en el año 2000 y tiene como finalidad la conservación, exhibición y promoción de la obra del pintor José Guerrero. El Centro está ubicado en el corazón del barrio árabe de Granada, en un edificio de finales del XIX habilitado para su nueva función por el arquitecto Antonio Jiménez Torrecillas. La obra de Jiménez Torrecillas ha sido premiada en las cuatro ediciones convocadas para las Nominaciones de Arquitectura de Granada (1990-2005). En la actualidad, y en relación a intervenciones en contextos históricos, está inmerso en la polémica actuación en las colinas del Albaicín y el Sacromonte, y en el campo de la museología, en el diseño del Museo de Bellas Artes en el Palacio de Carlos V, también de Granada.


CENTRO DE DESARROLLO FARMACÉUTICO Y ALIMENTARIO
Ramón Fernández Alonso
El Centro de Desarrollo Farmacéutico y Alimentario que se encuentra en el Campus Tecnológico de Ciencias de la Salud es, de entre los nuevos edificios que se están construyendo en la zona, el que más galardones ha recibido. La obra, del arquitecto granadino Ramón Fernández-Alonso está siendo reconocida de forma continuada en las últimas ediciones de la Bienal de Arquitectura en las que ha estado presentes con diferentes construcciones y proyectos. El Centro de Desarrollo Farmacéutico y Alimentario se ha convertido en el ejemplo a seguir para el crecimiento de una zona industrial y tecnológica que está en constante expansión desde hace un lustro en la ciudad.


RESTAURACIÓN DEL PALACIO DE LOS PATOS
Ángel Ramón Fernández
El hotel Palacio de los Patos de Granada ha sufrido una metamorfosis en unos años para convertirse en uno de los mejores hoteles de la ciudad. El palacio conserva la imagen del inmueble que sirvió para alojar a una familia burguesa durante el siglo XIX, pero la ambiciosa rehabilitación coordinada por Ángel Ramón Fernández ha permitido recomponer el interior y combinar los atractivos detalles históricos con las prestaciones propias de los hoteles modernos. Además la rehabilitación incorpora una ampliación singular que provoca el contraste de estilos arquitectónicos. Ángel Ramón Fernández se ha especializado en este tipo de rehabilitaciones que lleva a cabo en todo tipo de ciudades. En Granada también ha pasado por sus manos la reforma del Hotel Victoria y ahora la rehabilitación del edificio en que se convertirá en sede de ZARA en Reyes Católicos.
Juan de Dios Jerónimo - Jaime Vergara.